LA GUERRA CONTRA LA RELIGION
En 1776 se fundó en el sur de
Alemania, en Baviera, una sociedad llamativa.
El fundador de esta sociedad llamada "Illuminati",
es decir, "Iluminida", fue el profesor de
derecho Adam Weishaupt. Dicha sociedad poseía
dos atributos que la hacían muy interesante:
era secreta y establecía un programa político
muy pretensioso, redactado por Weishaupt,
donde se definía el propósito principal de
la siguiente manera:
1.- La abolición de todas las
monarquías y sistemas gubernamentales.
2.- La abolición
de todas las religiones "teístas".(150)
La sociedad
era extremadamente opuesta a la religión.
De acuerdo con lo que expresa el historiador
inglés Michael Howard, Weishaupt sentía un
"odio patológico" hacia las religiones divinas.
(151)
En realidad
dicha sociedad era una logia masónica. Weishaupt
era un decano de la masonería y la organizó
de acuerdo con el estilo tradicional que la
caracterizaba. Los Illuminati se desarrollaron
a una velocidad asombrosa y Weishaupt estableció
su autoridad sobre los cientos de intelectuales
que allí se reunían. Muy pocos de ellos podían
ver cara a cara al "gran maestro" Weishaupt.
En 1780, con la participación del Barón Von
Knigge, uno de los más grandes maestros de
las logias masónicas alemanas, el poder de
la sociedad se expandió mucho. Weishaupt y
Knigge empezaron los preparativos para hacer
una revolución que se la definiría como "socialista".
No obstante, cuando el gobierno descubrió
este emprendimiento, los maestros iluminados,
Weishaupt y Knigge, decidieron participar
solamente en las actividades ordinarias de
sus logias y disolvieron la sociedad antedicha.
Este paso lo dieron en 1782.(152)
 |
| La Revolución
Francesa fue la mayor batalla librada
en la Guerra Contra la Religión. Tras
la revolución, una nueva "religión de
la razón" fue introducida a fin de abolir
completamente el Cristianismo. Arriba
figura un cartel de dicha religión de
la razón y producido con propósitos propagandísticos.
Los símbolos masónicos y paganos pueden
fácilmente distinguirse en el mismo. |
En los primeros años del siglo
XIX se estableció en Alemania una nueva sociedad
que buscaba preservar la tradición de la "Illuminati".
Esa sociedad se pasó a llamar "Asociación
de los Hombres Honestos". Transcurrido cierto
tiempo cambió su nombre por el de "Asociación
de los Comunistas". Carlos Marx y Federico
Engels escribieron el Manifiesto Comunista
de acuerdo con las instrucciones recibidas
de la última asociación nombrada. Como se
sabe, dicho Manifiesto definió a la religión
como "el opio del pueblo", asegurando que
una de las condiciones de una sociedad ideal
debería ser una "sociedad sin clases", a la
vez que consideraba que el único camino para
la salvación de la humanidad era la eliminación
de todas las creencias religiosas.
En realidad, la "Sociedad Illuminati"
fundada por Weishaupt, y su extensión, la
"Asociación de los Hombres Honestos", eran
dos más de otras organizaciones similares
que se establecieron en Europa en el siglo
XVIII. La característica común de todas ellas,
en paralelo con la filosofía del Iluminismo
dominante en esa época, era su vigorosa oposición
a las religiones monoteístas. Puesto que la
filosofía iluminista impuso la idea de que
la única guía de los seres humanos era su
propio razonamiento, se proclamó que no se
necesitaba para nada la guía Divina (es decir,
la inspiración divina). De acuerdo a los defensores
del Iluminismo, la razón y la ciencia humana
eran dos poderes mágicos que resolverían todos
los problemas de la humanidad, a la vez que
definieron a la religión como un obstáculo
que retrasaba el progreso del género humano.
La consecuencia política más
importante del Iluminismo fue la Revolución
Francesa. El rasgo más evidente de ésta fue
el odio a la Iglesia y, aún más, contra la
propia religión. En los días más caóticos
de la Revolución se desarrolló un amplio movimiento
para "liberarse de la religión" como resultado
de la intensa propaganda de los jacobinos,
pioneros de la asonada. Además, a la gente
se le presentó un nuevo "espíritu religioso".
En consecuencia, se empezó a difundir por
medio de la propaganda el "culto a la Revolución",
de lo cual se dio testimonio por primera vez
en el Festival de la Federación que se llevó
a cabo el 14 de julio de 1790. Robespierre,
el conocido líder de la Revolución, presentó
algunas normas para este "culto revolucionario".
Definió las máximas de esta adoración en un
informe que denominó "Culto al Ser Supremo".
Una consecuencia notable de esto fue la transformación
de la Iglesia Notre Dame en el "templo de
la razón". Por lo tanto, las imágenes ubicadas
sobre las paredes de la iglesia fueron bajadas
y en medio del edificio se colocó la estatua
de una mujer, a la que se definió como la
Diosa de la Razón.
De hecho, estas circunstancias
dieron lugar a un resultado predeterminado.
La propaganda de la filosofía iluminista estuvo
siempre envuelta de un aspecto tramposo o
falso, dirigido a la abolición de la religión.
Mientras una religión Providencial, el Cristianismo,
estaba siendo abolida, se buscaba reemplazarla
por otra religión, la llamada "religión de
la razón". En otras palabras, las consignas
de los defensores del Iluminismo, como "liberar
la razón humana de todo tipo de reglas", no
reflejaban lo que realmente perseguían. Por
el contrario, se removían las normas de las
religiones monoteístas pero se las reemplazaba
por otras.
En resumen, la guerra contra
la religión (cristiana) en el período del
Iluminismo fue en realidad una guerra contra
todas las religiones divinamente inspiradas.
Se consideraba que la única manera de ganar
esta guerra era reemplazar las religiones
Providenciales por otras religiones artificiales
de hechura humana.
Durante la Revolución Francesa
se hicieron muchos intentos por volver a imponer
las religiones con múltiples dioses (paganas)
que existían antes de la Cristiandad en las
sociedades europeas. Casi todos los símbolos
usados en la Revolución Francesa fueron tomados
de los antiguos cultos paganos. Como se estaba
dando nueva vida a las antiguas culturas griega
y romana, también se estaban tomando los conceptos
religiosos de las mismas.
Sintetizando, Europa experimentaba
una gran fractura religiosa durante los siglos
XVIII y XIX. La creencia del Iluminismo, que
daba por hecho que no era posible el progreso
sin la abolición de la religión, produjo un
gran efecto, debido a la contribución brindada
por los filósofos para diseminarla en distintas
sociedades y debido a la Revolución Francesa,
lo cual dio lugar a los acontecimientos políticos
que siguieron.
¿Cuáles eran las fuerzas que
impulsaron esta gran reforma? ¿Quiénes llevaron
a cabo una lucha tan organizada contra la
religión?
ORDEN Y CAMBIO
Nos remitimos a las preguntas
antedichas porque todos los tipos de cambios
"filosóficos" tienen un aspecto político.
Los cambios en los pensamientos
y las creencias en materia "filosófica" -que
se refieren al sentido y propósito de este
mundo y de la vida humana- tuvieron siempre
como resultado, a largo plazo, cambios en
lo político, social y económico. Debido a
esto, la única manera de crear un cambio fundamental
y permanente en el orden socio-político, es
modificar los pensamientos y las creencias
expresadas por medio de la función "filosófica".
El camino obligatorio para retener un orden
socio-político es evitar la alteración de
la llamada infraestructura intelectual "filosófica".
Si en la sociedad solamente se
produce un cambio político, es decir, una
"revolución", pero dejamos sin modificar los
fundamentos filosóficos, el nuevo orden que
se establezca no será duradero o estable.
Por ejemplo, debido a una revolución, un estado
puede convertirse en socialista, pero si la
mayoría de la sociedad no hace suyas las características
propias del "materialismo dialéctico", colapsará
ante un eventual choque político. El ascenso
y caída del socialismo en el siglo XX lo evidencia.
De la misma manera, se puede constituir un
Estado-nación después de derrocar a una monarquía
al culminar una revolución, pero a menos que
la propia sociedad se vea como una nueva "nación",
el estado que se pasó a constituir será inestable.
Esta teoría socio-política dirige
a la siguiente conclusión: si un grupo de
personas quiere crear un cambio en regla y
permanente, tiene que concretar una revolución
intelectual definida, además de la revolución
política (el concepto de "hegemonía cultural"
que mencionamos antes tiene el mismo sentido).
Ciertamente, es posible llegar a una exposición
lógica a partir de esta conclusión: por detrás
de las fracturas y cambios intelectuales de
la historia puede estar la voluntad de "algunas
personas" que quieren establecer un nuevo
orden político-social.
Si evaluamos la guerra llevada
contra la religión dentro de esta amplia estructura,
nos encontramos con algunas fuerzas que promueven
la ideología que conduce a ella.
PODER Y OPOSICION
EN EUROPA
En Europa, durante la Edad Media,
el gobierno estaba manejado por dos poderes
centrales: la Iglesia y la aristocracia.
La Iglesia era superior en fuerza
a la aristocracia pues tenía autoridad para
destituir a los miembros de esta última, además
de una mejor disposición de ánimo como producto
de esa autoridad. El poder de la Iglesia descansaba
en una base social estable y considerablemente
sólida, dado que las ideas "filosóficas" del
pueblo proporcionaban la justificación de
esta autoridad religiosa. Antes que nada,
la religión era aceptada como la mejor guía
por el pueblo, quien creía que el universo
en el que vivía y todo el género humano fueron
creados por Dios. Asimismo, también creían
que algún día Dios daría por terminada la
existencia del universo y juzgaría a los humanos
después de su muerte. El orden social se constituyó
sobre esa creencia, es decir, sobre la realidad
de que los seres humanos y el universo fueron
creados. Naturalmente entonces, una autoridad
social podía ser legítima únicamente si recibía
la potestad de Dios o, en otras palabras,
si todo se gobernaba de acuerdo a Sus normas.
Pero algunos poderes seculares
se opusieron a la Iglesia porque no podían
gozar de suficiente "oportunismo" o "vida
libre" dentro del orden católico europeo.
Entre esos opositores se puede mencionar,
sin lugar a dudas, a cierta parte de la aristocracia
y particularmente a los reyes. De todos modos,
el objetivo de esa fuerza opositora era un
cambio muy limitado en el orden existente.
Querían debilitar el poder de la Iglesia --no
abolirla-- y ocupar esa zona debilitada. Es
debido a esto que se aliaron con algunos grupos
sociales que eran los verdaderos pioneros
de transformaciones más radicales, para caer
luego víctimas de esas transformaciones.
La fuerza social más importante
que respaldaba la transformación era la nueva
clase que se convirtió en rica por medio del
mercantilismo y logró un considerable poder
material a fines de la Edad Media. La nueva
clase rica, definida como "aristocracia" en
la terminología de la ciencia política, no
podía despojarse de la dominación cultural
y política de la Iglesia, a pesar de haber
obtenido un interesante poder económico. Entonces
tenía que iniciar un cambio de más envergadura
que le posibilitara hacer valer su poder económico
en la arena política y cultural.
Y eso es lo que hizo. Las revoluciones
intelectuales que golpearon a la Iglesia Católica,
como la Humanista, la Protestante y la Iluminista,
se llevaron a cabo siempre con el apoyo del
poder económico de la aristocracia. Es debido
a esto que la Revolución Francesa y otras
revoluciones hechas a la luz de la filosofía
iluminista se definen como "revoluciones burguesas"
en la ciencia política.
Pero dentro
de la "burguesía" había grupos y organizaciones
específicos. Uno de esos grupos era el de
los judíos, quienes habían sido excluidos
por el orden religioso europeo y por lo tanto
tenían una animosidad considerable hacia el
mismo. En consecuencia, apoyaron las transformaciones
políticas y sociales que deberían abolir la
Iglesia. (153)
Las organizaciones que reunieron
a los elementos "burgueses" eran sociedades
abiertas o secretas que se constituyeron en
base a la filosofía iluminista. La masonería,
que ocupa el lugar central de casi todas esas
sociedades, fue la que estipuló que participen
en las mismas una importante parte de los
estadistas e intelectuales en los siglos XVIII
y XIX, fue la que promocionó el pensamiento
iluminista y la que combatió contra la religión.
La mayoría de las otras organizaciones y sociedades
colocadas en el mismo bando que los masones
--como Illuminati-- estaban relacionadas con
la masonería de una u otra manera.
En resumen, la Masonería ocupaba
el papel central entre las fuerzas sociales
que condujeron al cambio del orden existente
en Europa, y dieron lugar al orden secular
(antirreligioso), aboliendo el orden social
cristiano.
EL PAPEL DE
LA MASONERIA
 |
| La Revolución Francesa
transformó el odio sentido contra las
religiones divinas en violencia. El cartel
de la derecha, publicado durante los sangrientos
días de la Revolución, simboliza a los
sans-culottes, la fuerza callejera de
la revolución, llevándose a la fuerza
a la autoridad religiosa. La Guerra contra
la Religión obtuvo un triunfo político.
No obstante, a fin de hacer que esta victoria
fuese permanente, un "nuevo orden mundial"
tenía que imponerse sobre las masas. Este
propósito iba a desembocar más tarde en
la introducción del Darwinismo. |
En otros escritos
hemos examinado en profundidad el papel de
la masonería en la guerra contra la religión.(154)
Ahora nos referiremos de manera superficial
a su papel en dos aspectos significativos
de dicha guerra.
La gran mayoría
de los filósofos iluministas, particularmente
los que poseían una rígida visión antirreligiosa,
eran masones. Los precursores de la Revolución
Francesa y sus pioneros, los jacobinos, también
eran miembros de logias masónicas.(155)
El papel de
la masonería en la Revolución Francesa fue
confesado en aquella época por un "agente
provocador" llamado Conde de Cagliostro, quien
fue arrestado por la Inquisición en 1789 y
confesó todo lo que sabía para salvar la vida.
Lo más notable de lo que dijo fue que los
masones planeaban iniciar una cadena de revoluciones
en Europa. También declaró que el principal
propósito era abolir el Papado o ponerlo bajo
su control. Cagliostro llamó la atención sobre
otro aspecto de la "burguesía". En sus confesiones
mencionó que los banqueros internacionales
judíos apoyaban financieramente todas las
actividades revolucionarias y que el dinero
proveniente de esa fuente tuvo una participación
muy importante en la Revolución Francesa.(156)
Los dos componentes más significativos
de la "burguesía" --masones y banqueros judíos--
y los más radicales contra la autoridad eclesiástica,
fueron los que jugaron materialmente el papel
principal en la Revolución Francesa, es decir,
en la revolución "burguesa" más grande de
la historia.
La
alianza anticatólica, conducida en cooperación por los nombrados,
dio el golpe final sobre la autoridad del Papa. El estado Pontificio
fue abatido por tres grandes "maestros masones", es decir, Mazzini,
Garibaldi y Cavour, después de una larga lucha política y militar.(157)
De esa manera la autoridad eclesial fue totalmente desbaratada
y el Estado Pontificio quedó comprimido dentro de los diminutos
límites del actual Vaticano. Mazzini y sus otros amigos masones
fueron apoyados al principio por Roselli y Nathan, las opulentas
dinastías judías de Italia.(158)
Según el autor
del libro "The Roman Catholic Church and the
Craft" (La Iglesia Católica Romana y el Arte),
el maestro masón Allec Mellor, "la principal
política de Italia, después de mediados del
siglo XIX, fue oponerse al Papado, lo cual
fue manejado directamente por las logias masónicas".(159)
EL REGIMEN DEL
NUEVO ORDEN SECULAR
Como describimos antes, con la
postración del Estado Pontificio, la autoridad
religiosa recibió el golpe más grande y por
lo tanto colapsó la principal defensora del
orden socio-político que dependía de la religión.
Pero esta victoria política no fue obtenida
solamente por medio de maniobras políticas:
primero el Humanismo, después el Protestantismo
y por último el Iluminismo, prepararon el
camino para un gran cambio mental del pueblo
europeo. La victoria política se obtuvo solamente
después de ese cambio. La autoridad política
se debilitó y quedó expuesta a su fracaso
político porque la fe en la religión fue abatida
y ésta comenzó a no ser aceptada.
El nombre del nuevo orden establecido
inmediatamente después de la destitución de
la autoridad religiosa fue grabado sobre el
Gran Sello de los Estados Unidos de Norteamérica,
nación a la que se señaló como "la primera
república masónica del mundo". En la otra
cara del sello se veían dos sentencias en
latín: Annuit Coeptis en la parte superior
y Novus Ordo Seclorum en la parte
inferior, y también el símbolo masónico de
"el ojo dentro del triángulo". El sentido
de esto es "la consumación de lo iniciado…
El Nuevo Orden de la Epoca". Pero la palabra
seclorum tuvo un segundo sentido después de
cierto tiempo, es decir, el de "secular",
o sea, "no religioso". Entonces el mensaje
que circunda el símbolo masónico se puede
leer así: "La Consumación de lo Ya Iniciado…
El Nuevo Orden Secular".
Al establecerse después de un
largo combate, es decir, por medio de "la
consumación de lo ya iniciado", el Nuevo Orden
Secular, para mantener su existencia, quedó
obligado a debilitar la creencia religiosa.
Para ello se apoyaría, sin lugar a dudas,
en los mismos elementos con los que pasó a
existir. Es debido a esto que continuó la
Guerra Contra la Religión después de la derrota
política de la Iglesia. El objetivo era aislar
o alejar la mentalidad inducida por valores
y criterios religiosos para crear una sociedad
homogénea construida con personas que tengan
una forma de pensar totalmente no religiosa.
Por lo tanto, la posibilidad de "recuperación"
de la autoridad religiosa se esfumaba completamente.
Esto significó también que el
Nuevo Orden Secular fuera absolutamente totalitario.
Pero ese totalitarismo lo practicaría de una
manera muy sofisticada. Es decir, no por la
fuerza bruta sino por la sugerencia de otras
ideas (en exclusividad). La sociedad ni siquiera
se daría cuenta del aspecto totalitario de
ese orden. Pensaría que se estaba "autodirigiendo",
pero las discusiones a ese efecto no podían
sobrepasar ciertos límites determinados por
el Nuevo Orden Secular. Se programaría la
mente de las personas para que no puedan pensar
más allá de esos límites.
Este es el método totalitario
más exitoso y efectivo, pues la oposición
se reduce entonces a algo mínimo. Es posible
oponerse a un totalitarismo riguroso, pero
¿quién se opondría a un totalitarismo que
se presenta ambiguo?
Un mundo así fue el que presentó
el autor inglés Aldous Huxley en su conocida
obra de ciencia ficción "Brave New World"
(Un Mundo Feliz), publicado en 1932, donde
describía un Estado Mundial, una administración
totalitaria que dominaría en el futuro todo
el mundo. Ese Estado Mundial era totalitario
pero no usaba la fuerza bruta contra el pueblo
porque tampoco se valía de los métodos primitivos
del totalitarismo. Se estaba programando al
pueblo para que obedezca. En la edición de
1946 Huxley llamó la atención sobre este punto
y escribió que "en un régimen de opresión
efectivo las personas pueden ser manejadas
y controladas sin el uso de la fuerza bruta
porque se acostumbrarán a ser esclavas en
cualquier caso". George Orwell ha descrito
un totalitarismo parecido en su libro también
de ciencia ficción titulado"1984".
Los modelos totalitarios de ambos
libros tienen un aspecto similar significativo:
la distorsión de la historia. Los dominadores,
para su beneficio, eliminaron primero la historia
y después la reescribieron. De esta manera
se convencía a todos que el conjunto de órdenes
sociales anteriores a la "revolución" eran
injustos, opresivos y "oscurantistas". Las
poblaciones pensaban que el orden social que
vivían era el más avanzado, el más justo,
el más libre y el más "brillante" de todos
los existentes hasta entonces.
El Nuevo Orden Secular europeo,
establecido inmediatamente después del derrocamiento
del orden socio-político religioso, asumió
como su "régimen" este totalitarismo sofisticado
descrito en los libros mencionados. El nombre
del "régimen" fue "libertad, fraternidad,
igualdad", pero fue de lo más totalitario
al imponer en la mente de los pueblos su ideología
(de manera exclusiva).
SIGLO XIX :
LA CUMBRE DEL NUEVO ORDEN SECULAR
La tendencia no religiosa erigida
por esos que estaban molestos con el orden
religioso alcanzó la cumbre en el siglo XIX,
siglo que se distinguió por el florecimiento
de los puntos de vista materialistas, positivistas
y deterministas.
El materialismo es un sistema
de pensamiento que afirma que la única realidad
es la material y que no existe nada más que
lo material. De acuerdo a esto la materia
existió desde el comienzo del mundo y seguirá
existiendo eternamente. Por lo tanto, se pasa
a negar la existencia de Dios y el hecho de
que El creó todo lo viviente. Según el materialismo
toda la vida se establece sobre la materia
y el "designio" no juega ningún papel. La
gente llega a un punto en el que piensa solamente
en consumir cada vez más y poseer la mayor
cantidad de bienes materiales posibles. El
único sentido y valor de la vida es la riqueza
material, es decir, el dinero. Esta situación
resulta muy conveniente para los centros de
poder, poseedores de enormes riquezas materiales
y deseos de que el pueblo les obedezca. Esta
forma de pensar proviene de los primeros materialistas.
El positivismo y el determinismo
fueron resultados naturales del materialismo.
El pensamiento positivista, desarrollado por
Augusto Comte, afirma que solamente esas cosas
que se pueden demostrar experimentalmente
son reales y existen. Sostiene que todas las
cosas deberían pasar por el tamiz del conocimiento
experimental y solamente lo que es aprobado
por éste debe ser considerado cierto. Por
otra parte, el determinismo defiende que todos
los incidentes son el resultado de las relaciones
entre los elementos materiales y que todo
el universo opera de una manera mecánica dentro
de una relación causa-efecto.
Con la admisión de esa forma
de pensar, Europa alcanzó el punto extremo
de rompimiento violento con la religión. En
el siglo XIX había mucha gente que pensaba
que la religión era una doctrina antigua perdida
en las páginas polvorientas de la historia.
Al transformarse "la ciencia y la razón" en
algo casi adorado, se pasó a creer que los
descubridores y exploradores serían los que
resolverían todos los problemas del ser humano.
Además, se pensaba que era necesario
exportar el Nuevo Orden Secular a otras civilizaciones.
La religión tenía que ser quitada de la faz
de la tierra, no solamente de Europa, de modo
que no pudiera emerger nuevamente. Por suerte
para quienes pensaban así, ya estaban dadas
las condiciones económico-políticas requeridas
para la exportación de ese orden. La civilización
occidental había adquirido una gran fuerza
material gracias a los ídolos del capitalismo,
es decir, "la producción y acumulación de
capital". La industria desarrollada necesitaba
nuevas fuentes de materia prima y a este objeto
los poderosos de occidente se dirigieron a
todos los rincones del mundo, militar y políticamente.
Y las civilizaciones que eran subyugadas a
través de esos ídolos, podían quedar bajo
control por medio del dominio intelectual.
La exportación de ese "nuevo" orden necesitaba
de la invasión intelectual.
Es por esto que los pensadores
secularistas occidentales, que se hicieron
numerosos en el siglo XIX, tenían un solo
objetivo: alabar el Nuevo Orden Secular e
inducir a que las otras civilizaciones sea
compelidas a admitirlo.
Pensadores como Auguste Comte,
Emile Durkheim, Ferdinand Tönnies, Herbert
Spencer y Carlos Marx, comenzaron definiendo
y clasificando las sociedades y la historia.
Sus teorías tenían un interesante rasgo en
común: a pesar de que definían la transformación
de las sociedades de acuerdo con criterios
diferentes, todas decían que las sociedades
más "avanzadas" eran las "seculares" (es decir,
las no religiosas). Por ejemplo, según el
francés Durkheim, las sociedades pasaban un
período de transición que se dirigía de la
"cooperación orgánica" a la "cooperación mecánica".
Una de las propiedades más importantes de
la "cooperación mecánica" era el secularismo.
El alemán Carlos Marx había basado el progreso
de las sociedades sobre criterios económicos,
pero también aseguró que el estadio más avanzado
de la humanidad era la sociedad comunista
secular. Comte había dividido el desarrollo
humano en tres fases: teológica, metafísica
y positivista. La característica más importante
de la sociedad positivista, considerada como
la más avanzada, era el secularismo.
En realidad todas esos filósofos
expresaban lo mismo. Todos alababan el período
de retroceso de la religión que se produjo
en Occidente. Plantearon que (una determinada)
permanencia en el tiempo era el resultado
inevitable de las "invariables reglas de la
historia", y aseguraban que todas las otras
civilizaciones, sin lugar a dudas, pasarían
por el mismo período. El Nuevo Orden Secular,
al que denominaron "modernismo" o "modernidad",
dominaría también, inevitablemente, sobre
todas las otras civilizaciones, de modo que
éstas no deberían insistir en adherirse a
su religión y deberían "modernizarse".
El fundamento secular establecido
por estos pensadores proveyó la justificación
para la alianza no sacra con el objeto de
exportar el Nuevo Orden Secular. La alianza
empezó exportando su nuevo orden llamado "modernismo"
y presentó su objetivo de "dominio mundial".
Algunos intelectuales en las civilizaciones
no occidentales, con la conciencia distorsionada,
que cayeron bajo la influencia de pensadores
como Durkheim, dieron la bienvenida con alegría
a la exportación del Nuevo Orden Secular.
Este ambiente de victoria en
el siglo XIX tuvo una gran aceleración con
un "descubrimiento" significativo hecho a
mediados del siglo. Antes de este "descubrimiento"
el Nuevo Orden Secular pensaba que tenía una
desventaja importante. Aunque empleó diversos
métodos de propaganda para abatir el orden
religioso, aunque tuvo éxito al identificar
a la autoridad religiosa con el "oscurantismo",
aunque planteó que la religión era solamente
un tema espiritual y consiguió convencer al
pueblo al respecto, aunque consiguió que la
gente creyera que no había ninguna necesidad
de que la Santa Biblia sirviera de guía y
que el ser humano podía encontrar el camino
recto sin la inspiración divina, aunque después
de avanzar en este proceso negó la existencia
de Dios y dijo que "todo lo que existe es
todo lo que se ve", cosa que fue aceptada
incluso por la mayor parte de la élite occidental,
siempre quedaba un hueco que no podía llenar:
¿Cómo pasó a existir el mundo viviente? ¿Cómo
aparecieron seres tan perfectos sin la participación
de un Creador?
El Nuevo Orden Secular tenía
que encontrar una respuesta a estas preguntas
críticas si quería asegurar su existencia
y permanencia. Y la respuesta tenía que convencer
al pueblo que todo lo viviente no fue creado
sino que pasó a existir, de alguna manera,
"por sí mismo". Porque si la gente percibía
que ella y todas las demás cosas fueron creadas,
luego pasarían a preguntarse, seguramente,
"quién nos creó". Entonces podrían pensar
respecto a su responsabilidad frente a Dios.
Incluso podrían decidirse a vivir de acuerdo
a Sus normas, podrían comenzar a no obedecer
a nadie excepto a El y ponerse solamente a
Su servicio. Esto sería el fin del Nuevo Orden
Secular, el cual perdería el fundamento filosófico
sobre el que se basaba y se desbarataría el
impacto socio-político producido.
Por esta razón el Nuevo Orden
Secular estaba obligado a explicar la existencia
de todo lo viviente en términos de "no creado".
Y para ello tenía que conseguir que los pueblos
creyeran en la explicación que daba a través
de los medios propios de la "hegemonía cultural".
En realidad, la vida no podía
explicarse de ninguna manera en términos de
"no creada". Así como es imposible afirmar
que un automóvil producido en una fábrica
pasó a existir "por sí mismo", de la misma
manera es una afirmación sin sentido asegurar
que todo el universo pasó a existir "por casualidad"
o por sí mismo.
Pero los centros de poder que
establecieron el orden no religioso estaban
determinados a encontrar una respuesta no
religiosa a la pregunta de cómo pasó a existir
todo lo viviente. Esa respuesta, en verdad,
no sería cierta, pero al pueblo se la presentarían
como tal. Lo importante era despojar a la
gente de sus creencias religiosas, cosa que
se haría de todos modos, sea correcto o no,
ya que la hegemonía política carece de fundamento
si no se establece la hegemonía cultural.
Entonces se presentó la teoría de la evolución
para cubrir esa demanda. El mayor orden totalitario de la historia
estaba inventando el más grande engaño "científico" de la historia.