DISENO Y COINCIDENCIA
En el capítulo anterior observamos
la imposibilidad de que la vida se forme de
manera casual. Aceptemos por un momento esa
imposibilidad. Supongamos que hace millones
de años se formó una célula que adquirió todo
lo que necesitaba para la vida y que por lo
tanto "pasó a existir". La evolución vuelve
a colapsar en ese punto porque aunque esa célula
hubiese subsistido por un tiempo, eventualmente
hubiera muerto y después no quedaría nada, con
lo que todo volvería al punto inicial. Eso ocurrirá
así porque la primera célula, al carecer de
cualquier tipo de información genética, no habría
sido capaz de reproducirse e iniciar una nueva
generación. La vida habría finalizado con la
muerte de esa célula.
El sistema genético no consta solamente
de ADN. En ese entorno deberían existir también:
a) enzimas para leer el código en el ADN; b)
ARN mensajero después de la lectura de los códigos
en el ADN; c) un ribosoma sobre el que se montará
el ARN de acuerdo al código del caso, donde
se fija para la producción; d) ARN para transferir
los aminoácidos al ribosoma y poder así usarlos
en la producción; y e) enzimas extremadamente
complejas para llevar a cabo numerosos procesos
intermedios. Un medio ambiente así no puede
existir en ninguna otra parte que no sea aquel,
totalmente aislado y controlado como el de la
célula, donde existen los recursos de todas
las materias primas y energías esenciales.
En consecuencia, la materia orgánica
puede autorreproducirse solamente si existe
como lo hace una célula totalmente desarrollada,
con todas sus organelas y en un medio ambiente
apropiado, donde pueda sobrevivir, intercambiar
sustancias y tomar energía de su entorno. Esto
significa que la primer célula en la Tierra
se formó "repentinamente" con su increíble estructura
compleja.
¿Qué significa que una estructura
compleja pase a existir?
Planteemos esta pregunta con un
ejemplo. Comparemos la célula con un auto de
elevada tecnología en términos de su complejidad.
(En realidad la célula comprende sistemas mucho
más complejos y desarrollados que un auto con
su motor y equipamiento técnico). Ahora preguntémonos:
¿qué pensaría usted si está recorriendo la parte
más profunda de un bosque muy cerrado y de entre
los árboles surge a toda velocidad un auto último
modelo? ¿Pensaría que distintos elementos del
bosque se reunieron por casualidad durante millones
de años y produjeron ese vehículo? Aunque todos
los elementos que constituyen el auto se obtienen
a partir del hierro, el petróleo, el caucho
y otros productos de la tierra, ¿le llevaría
eso a pensar que fueron sintetizados "por casualidad"
y luego se juntaron para construir el vehículo?
Sin lugar a dudas, cualquiera en
sus cabales sabría que ese auto era el producto
de un diseño consciente, es decir, que fue fabricado,
y por lo tanto se preguntará qué estaba haciendo
allí en medio del bosque. La producción repentina
de una estructura compleja completa de fuente
desconocida indica que es creada por un agente
consciente. Un sistema complejo como la célula,
sin duda, es creado por una voluntad y sabiduría
superior. En otras palabras, pasó a existir
como creación de Dios.
Al creer los evolucionistas que
la pura casualidad puede producir diseños perfectos,
traspasan los límites de la razón y de la ciencia.
Una de las autoridades que habla francamente
sobre esta cuestión es el conocido zoólogo francés
Pierre Grasse, anterior presidente de la Academia
Francesa de Ciencias. Aunque es materialista,
reconoce no obstante que la teoría darwiniana
es incapaz de explicar la vida y señala los
rasgos característicos de la lógica de la "casualidad",
que es la columna vertebral del darwinismo:
"La
oportuna aparición de las mutaciones que permiten
a los animales y a las plantas cubrir sus necesidades,
parece difícil de creer. No obstante, la teoría
darwinista es incluso más exigente: una sola
planta, un solo animal, requeriría miles y miles
de sucesos apropiados, afortunados. De esta
manera, los milagros se convirtieron en una
norma: sucesos con una posibilidad infinitesimal
no podrían dejar de ocurrir. No hay ninguna
ley que impida soñar despierto, pero la ciencia
no debe dejarse manejar por los caprichos."(118)
Grasse resume lo que significa
el concepto de "coincidencia" para los evolucionistas:
"… La casualidad
se convierte en una especie de providencia,
la cual, bajo la cobertura del ateísmo, no es
nombrada sino secretamente adorada."(119)
El fracaso lógico de los evolucionistas
es el resultado de guardar como una reliquia
(como algo sagrado) el concepto de casualidad.
"… Tienen corazones con los que
no comprenden, ojos con los que no ven, oídos
con los que no oyen. Son como rebaños. No, aún
más extraviados. Esos tales son los que no se
preocupan" (7:179)
·LA FORMULA DARWINIANA!
Además de todas las evidencias
técnicas de las que nos ocupamos hasta ahora,
examinemos, una vez más, cuál es el tipo de
superstición de los evolucionistas con un ejemplo
tan simple como para que sea comprendido por
los niños.
La teoría de la evolución afirma
que la vida se forma de modo fortuito. De acuerdo
a este supuesto, los átomos inorgánicos e inconscientes
se juntaron para formar la célula y luego de
alguna manera formaron otros seres vivos, incluido
el ser humano. Pensemos respecto a esto. Cuando
reunimos los elementos que son los "ladrillos"
de la vida, como el carbono, el fósforo, el
nitrógeno y el potasio, lo que se forma es solamente
un amontonamiento. Independientemente del tratamiento
al que se ve sometido ese amontonamiento atómico,
no puede formar una sola existencia viva. Si
nos permite, expondremos un experimento sobre
la materia y examinaremos qué es lo que suponen
los evolucionistas significa "fórmula darwiniana",
aunque no lo digan en voz alta.
Pongamos a disposición de los evolucionistas
grandes cantidades de las sustancias presentes
en la composición de los seres vivos, como fósforo,
nitrógeno, carbono, oxígeno, hierro y magnesio.
Además agreguemos las sustancias que no existen
bajo condiciones naturales pero que ellos piensan
que son necesarias. Añadámosle a esa mezcla
muchos aminoácidos que no tienen la posibilidad
de formarse bajo las condiciones normales --como
muchas proteínas--, uno solo de los cuales tiene
la probabilidad de 1/10950 de constituirse.
Expongamos esas combinaciones a la humedad y
calor que quieran. Dejémosle que la agiten con
la tecnología que más les guste y que se ocupen
de ella los científicos que elijan. Dejemos
también que esos expertos aguarden junto a la
mezcla billones e incluso trillones de años.
Permitamos que usen con libertad todos los tipos
de condiciones que crean necesarias para la
formación del humano. Independientemente de
lo que hagan, con todos esos compuestos no podrán
producir un ser humano, dice un profesor que
examina la estructura celular bajo el microscopio
electrónico. No pueden producir jirafas, leones,
abejas, canarios, caballos, delfines, rosas,
orquídeas, lilas, claveles, bananas, dátiles,
naranjas, manzanas, tomates, melones, sandías,
higos, aceitunas, uvas, duraznos, pavos reales,
faisanes, mariposas multicolores o millones
de otros seres vivientes. En realidad no podrían
obtener ni siquiera una simple célula de nada
de lo que aquí se nombra.
En resumen, los átomos inconscientes
no pueden formar la célula por el hecho de juntarse.
No pueden tomar una decisión original para dividir
la célula en dos y luego tomar otras decisiones
como crear a los profesores que inventaron el
primer microscopio electrónico y con el que
después examinaron la estructura de sus propias
células. La materia es inconsciente, es un amontonamiento
inerte que pasa a tener vida por medio de la
creación superior de Dios.
La teoría de la evolución, que
supone lo opuesto, es una falacia total completamente
contraria a la razón. Con sólo pensar un poquito
sobre las pretensiones de los evolucionistas
se descubre esa realidad, como se presenta en
el ejemplo anterior.
LA TECNOLOGIA
EXISTENTE EN EL OJO Y EN EL OIDO
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Cuando comparamos
el ojo y el oído con cámaras y
grabadores de sonido, vemos que
el ojo y el oído son mucho más
complejos, funcionales y perfectos
que dichos productos tecnológicos.
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Otro tema que permanece sin respuesta
por parte de la teoría de la evolución es la
excelente calidad de la percepción en el ojo
y en el oído.
Antes de pasar al tema de la vista
explicaremos resumidamente "como funciona la
visión". Los rayos de luz que provienen de un
objeto, impresionan de manera invertida en la
retina del ojo. Entonces esos rayos son transmitidos
como señales eléctricas por medio de células
y llegan a un punto pequeño en la parte de atrás
del cerebro llamado centro de la visión. Esas
señales eléctricas son percibidas en dicho centro
como una imagen después de una serie de procesos.
Con este antecedente técnico, consideremos algunas
otras cosas.
El cerebro está aislado de la luz.
Eso significa que el cerebro está totalmente
en la oscuridad y la luz no llega allí, incluido
el centro de la visión, el cual puede ser el
lugar más oscuro jamás conocido. Sin embargo,
en esa oscuridad extrema usted observa un mundo
luminoso, brillante.
La imagen formada en el ojo es
tan precisa y bien definida que incluso la tecnología
del siglo XX no ha sido capaz de obtenerla.
Por ejemplo, mire el libro que está leyendo
y las manos con las que lo sostiene y luego
levante la cabeza para mirar a su alrededor.
¿Ha visto alguna vez una imagen precisa y definida
como esa en algún aparato? Ni la más elaborada
pantalla de TV producida por la mejor empresa
del mundo puede proveer una imagen así. Es decir,
una imagen tridimensional con sus respectivos
colores y sumamente definida. Durante más de
100 años miles de ingenieros han intentado alcanzar
esa definición fijándose pautas extremadamente
elevadas, realizando innumerables investigaciones,
planes e invenciones y montando talleres al
efecto. Si observa de nuevo la pantalla de TV,
el libro que lee y las manos en que lo apoya,
verá que hay una gran diferencia de definición
y precisión entre lo que ve en la pantalla con
respecto al libro y sus manos. Además, en la
pantalla se ve una imagen bidimensional, en
tanto que los ojos contemplan naturalmente de
modo tridimensional, con profundidad. También
verá en la pantalla algún trazo borroso o una
mancha que seguramente no existe en la vista.
Miles de ingenieros han intentado
durante muchos años construir una TV tridimensional
y alcanzar la calidad de visión del ojo. Consiguieron
diseñar un sistema de TV tridimensional, pero
no es posible observarla sin ponerse lentes
al efecto. Además, se trata solamente de una
tridimensión artificial. Cuanto mayor la formación
de manchas o trozos borrosos, el primer plano
aparece desencajado. Nunca ha sido posible producir
una visión precisa y definida como la del ojo.
Tanto en la cámara (de filmación o de foto)
como en la TV existe una pérdida de calidad
de imagen.
Los evolucionistas suponen que
el mecanismo que produce esa imagen precisa
y definida se ha constituido por casualidad.
Pero si alguien les dice que el aparato de TV
que tienen en sus casas se formó casualmente
al reunirse todos los átomos con un orden determinado,
¿qué pensaría usted? ¿Cómo los átomos pueden
hacer algo que miles de personas no logran?
Todo el esfuerzo volcado en investigaciones,
tecnología, laboratorios, grandes complejos
industriales, usando los más avanzados artificios,
no han sido capaces de hacer más de lo que conocemos.
Si no puede formarse de manera
casual un dispositivo que produce una imagen
más primitiva que la captada por el ojo, es
evidente que éste y su visión tampoco pueden
ser productos de la casualidad. Esa superioridad
en la definición y precisión del ojo y su visión
es dada por Dios, Quien tiene poder sobre todas
las cosas.
El mismo criterio se aplica al
oído. El oído exterior recoge los sonidos disponibles
por medio de la aurícula y los dirige al oído
medio, el cual transmite las vibraciones intensificándolas.
El oído interno envía dichas vibraciones al
cerebro en la forma de señales eléctricas. Como
sucede con la vista, el acto de oír finaliza
en el centro de la audición en el cerebro.
Lo que sucede con el ojo es también
valedero para el oído. Es decir, el cerebro
está aislado del sonido externo como de la luz:
en su interior no hay sonido. Por lo tanto,
no importa el tipo de ruido que haya en el exterior.
En el interior del cerebro hay un silencio completo.
Sin embargo, el cerebro percibe extraordinarios
sonidos, como la sinfonía de una orquesta y
todos los ruidos de una plaza colmada de gente.
Si con un dispositivo especial se mide el nivel
de sonido en el cerebro, se comprobará que allí
existe un silencio completo.
Comparemos de nuevo la elevada
calidad y la tecnología superior presente en
el oído y en el cerebro con la tecnología producida
por los seres humanos. Como en el caso de las
imágenes, se han invertido décadas de esfuerzos
para generar y reproducir sonidos fieles al
original. A pesar de todo lo hecho, hasta ahora
no se ha obtenido ningún sonido con la misma
definición y claridad como lo percibe el oído.
Incluso en los sistemas de más alta fidelidad
se pierden algunos sonidos o se oye un silbido
antes que comience la música. Sin embargo, los
sonidos producidos por la tecnología del cuerpo
humano son extremadamente definidos y claros.
El oído humano (normal) nunca percibe un sonido
acompañado de un silbido o con parásitos atmosféricos,
cosas que se presentan en equipos de alta fidelidad.
El oído percibe el sonido exactamente como es,
definido y claro. Así ha sido desde la creación
del ser humano.
En resumen, la tecnología en nuestro
cuerpo es muy superior a la que ha producido
el género humano usando toda la información,
experiencia y oportunidades acumuladas. Nadie
dirá que un equipo de alta fidelidad o una cámara
fotográfica pasó a existir como producto de
la casualidad. ¿Cómo se puede suponer entonces
que las tecnologías existentes en el cuerpo
humano --superior a las inventadas por el ser
humano-- pudieron haber pasado a existir como
resultado de una cadena de coincidencias llamada
evolución?
Es evidente que el ojo, el oído,
y en realidad todas las otras partes del cuerpo
humano, son productos de una creación muy superior.
Son indicios, transparentes como el cristal,
de la creación única y sin par de Dios, de Su
eterno conocimiento y poder.
La razón por la que mencionamos
aquí los sentidos de la audición y de la visión se debe a la
incapacidad de los evolucionistas para comprender evidencias
de la creación tan claras como estas. Si algún día le pide a
algún evolucionista que le explique cómo se hizo posible en
el ojo y en el oído ese diseño y tecnología excelente como resultado
de la casualidad, verá que es incapaz de darle alguna respuesta
lógica y razonable. Incluso Darwin en su carta del 3/4/1860
a Asa Gray escribió que "la meditación sobre el ojo me dejó
totalmente frío", y confesó la desesperación de los evolucionistas
frente al diseño excelente de los organismos vivientes.(120)