LA ALHARACA HECHA
POR LOS EVOLUCIONISTAS EN SU BUSQUEDA DE RESPUESTAS
A LA GENERACION DE LA VIDA
La cuestión de "cómo aparecieron
por primera vez los seres vivientes" es un atolladero
tan crítico para los evolucionistas que generalmente
ni siquiera intentan tratar el tema de manera
fugaz. Buscan pasarlo por alto diciendo: "las
primeras criaturas iniciaron su existencia como
resultado de algunos sucesos fortuitos en el
agua". Están frente a un obstáculo que por ningún
medio pueden evitar. A pesar de los argumentos
paleontológicos sobre la evolución, en el tema
del que nos ocupamos ahora no tienen ningún
fósil disponible para distorsionar y malinterpretar
las cosas como desean, con el objeto de sostener
sus aseveraciones. Por lo tanto la teoría de
la evolución es refutada definidamente desde
el inicio.
Hay un punto importante a tener
en consideración: si se
prueba como imposible algún paso del proceso
evolucionista, ello es suficiente para evidenciar
que la teoría en su conjunto es totalmente falsa
e inválida. Por ejemplo, si se prueba
que la formación azarosa de las proteínas es
imposible, todas las otras pretensiones consideradas
en los pasos sucesivos de la evolución también
quedan refutados. Después de esta etapa se vuelve
sin sentido tomar los cráneos de un mono y de
un ser humano y realizar especulaciones acerca
de ellos.
La forma en que los organismos
vivientes pasaron a existir a partir de elementos
inorgánicos, es algo que los evolucionistas
no quisieron ni mencionarlo durante mucho tiempo.
Sin embargo, esta cuestión que ha sido evitada
constantemente pasó a ser un problema inevitable
y entonces se ensayaron soluciones mediante
una serie de estudios en el segundo cuarto del
siglo XX.
La pregunta principal era: ¿Cómo
apareció la primera célula viva en la atmósfera
primitiva de la Tierra? En otras palabras, ¿qué
tipo de explicación podrían dar a este problema
los evolucionistas?
La respuesta se buscó a través
de experimentos. Los científicos e investigadores
evolucionistas llevaron a cabo experimentos
de laboratorio dirigidos a responder esas preguntas,
pero no crearon mucho interés. El estudio más
estimado sobre el origen de la vida resulta
el llamado Experimento
Miller dirigido por el investigador norteamericano
Stanley Miller en 1953. (También se lo conoce
como "Experimento Urey-Miller" debido a la contribución
de Harold Urey, maestro de Miller en la Universidad
de Chicago).
Dicho experimento es la única pretendida
"evidencia", usada para probar la "tesis de
la evolución molecular" y presentada para señalar
la primera etapa del período evolutivo. A pesar
de haber pasado cerca de medio siglo y de haberse
alcanzado grandes desarrollos tecnológicos,
nadie ha dado un paso más en la materia. Con
todo, el Experimento Miller es aún incluido
en los libros de texto como la explicación de
la evolución de la primera generación de algo
viviente. Al ser conscientes los evolucionistas
que esos estudios en vez de respaldar sus tesis
las refutan, deliberadamente evitaron efectuarlos.
EL EXPERIMENTO
MILLER
El objetivo de Stanley Miller era
presentar un descubrimiento experimental que
indicara que los aminoácidos, los "ladrillos"
que forman las proteínas, pudieron haber pasado
a existir casualmente en la Tierra sin vida
hace billones de años.
Miller usó en el experimento una
mezcla de gases, que asumió habían existido
en la atmósfera primordial (cosa que después
se demostró irreal), compuesta de amoníaco,
metano, hidrógeno y vapor de agua. Dado que
estos gases no reaccionarían entre sí bajo las
condiciones naturales, agregó en ese medio ambiente
creado por él una energía que estimulase el
inicio de dicha reacción. Al suponer que dicha
energía pudo provenir de destellos luminosos,
usó una descarga eléctrica artificial como substituto.
Hirvió esa mezcla de gases a 100°C
durante una semana y además le introdujo
una corriente eléctrica. Al finalizar la semana
analizó los elementos químicos que se formaron
en el fondo de la probeta y observó que se habían
sintetizado 3 de los 20 aminoácidos que constituyen
los elementos básicos de las proteínas.
El experimento provocó una gran
excitación entre los evolucionistas y fue promovido
como un éxito descollante. Además, en un estado
de euforia intoxicante, distintas publicaciones
pusieron títulos como "Miller crea vida". Sin
embargo, las moléculas que Miller había conseguido
sintetizar eran solamente algunas moléculas
"orgánicas".
Animados por el experimento los
evolucionistas produjeron de inmediato nuevos
escenarios. Se hicieron hipótesis apresuradas
sobre la formación de otros aminoácidos. Se
supuso que los mismos se habrían unido posteriormente
en las secuencias apropiadas de forma accidental
para dar lugar a las proteínas. Se supuso que
algunas de esas proteínas formadas por casualidad
se autoubicaron dentro de estructuras que hacían
de membranas, estructuras que pasaron a existir
"de alguna manera", con lo que se formó una
célula primitiva. Se supuso que con el tiempo
las células se unieron y formaron organismos
vivientes. De todos modos, el experimento de
Miller no fue otra cosa que una artimaña, la
cual se ha demostrado desde entonces falsa en
muchos aspectos.
EL EXPERIMENTO
MILLER RESULTO SER SOLAMENTE UNA FICCION
El Experimento Miller buscaba probar
que los aminoácidos podían formarse por sí mismos
bajo las condiciones primordiales terrestres,
cosa que resulta incoherente con una serie de
puntos.
1.
Al usar Miller un mecanismo
llamado "trampa de frío", aisló los aminoácidos
del entorno apenas se formaron. Si no
hubiese hecho eso, las condiciones del medio
ambiente habrían destruido inmediatamente esas
moléculas.
Sin duda, este
tipo de mecanismo de aislamiento consciente
no existía bajo las condiciones de la Tierra
primitiva. Sin ese mecanismo, aunque se hubiese
obtenido un aminoácido, se habría extinguido
sin tardanza. El químico Richard Bliss expresa
esta incoherencia así: "En
realidad, sin esta trampa de frío, los productos
químicos habrían sido destruidos por la fuente
eléctrica."(100)
Realmente Miller, en sus experimentos
anteriores, no pudo formar ni un solo aminoácido
valiéndose de los mismos elementos pero sin
la trampa de frío.
2.
La atmósfera primitiva que Miller intentó simular
en su experimento no era realista. En
la década de 1980 los científicos estuvieron
de acuerdo que en ese medio ambiente (el del
experimento) deberían haberse colocado nitrógeno
y dióxido de carbono en vez de metano y amoníaco.
Después de un largo silencio el propio Miller
confesó que la atmósfera que usó en su experimento
no se ajustaba a la realidad.(101)
Entonces, ¿por qué insistió Miller
en los gases usados? La respuesta es simple:
sin amoníaco era imposible sintetizar un aminoácido.
Kevin Mc Kean nos cuenta esto en un artículo
publicado en la revista "Discover":
"Miller y Urey
imitaron la atmósfera antigua de la Tierra con
una mezcla de metano y amoníaco. Según ellos,
la Tierra era una auténtica mezcla homogénea
de metales, rocas y hielo. Sin embargo, en los
últimos estudios se comprendió que la Tierra
era muy caliente en esos tiempos y que se componía
de níquel y hierro fundido. Por lo tanto la
atmósfera química de entonces habría estado
formada principalmente de nitrógeno (N2),
dióxido de carbono (CO2) y vapor
de agua (H2O). de todos modos, éstos
no son tan apropiados como el metano y el amoníaco
para la formación de moléculas orgánicas."(102)
Los científicos
norteamericanos J. P. Ferris y C. T. Chen repitieron
el experimento de Miller en un medio ambiente
que contenía dióxido de carbono, hidrógeno,
nitrógeno y vapor de agua, y fueron incapaces
de obtener aunque más no sea una sola molécula
de aminoácido.(103)
3.
Otro punto importante que invalida el experimento
de Miller es que había
suficiente oxígeno para destruir todos los aminoácidos
en la atmósfera en el momento que se pensaba
se formaban. Este hecho, pasado por alto
por Miller, se revela por los rastros de hierro
oxidado y uranio encontrados en las rocas, a
las que se estima una edad de 3,5 billones de
años.(104)
Otros descubrimientos indican que
la cantidad de oxígeno en ese estadio era mucho
más elevada que los supuesto originalmente por
los evolucionistas. Los estudios también enseñan
que en ese momento la cantidad de radiación
ultravioleta a la que estaba expuesta la Tierra
era 10 mil veces mayor que la considerada por
los evolucionistas. Esa intensa radiación ultravioleta
inevitable habría liberado oxígeno por medio
de la descomposición del vapor de agua y el
dióxido de carbono existentes en la atmósfera.
Esta situación anula completamente
el experimento de Miller, en el cual el oxígeno
fue totalmente desconocido. Si se hubiese usado
oxígeno en el experimento, el metano se habría
descompuesto en dióxido de carbono y agua, y
el amoníaco se habría descompuesto en nitrógeno
y agua. Por otra parte, en un medio ambiente
donde no existe oxígeno, tampoco debería haber
existido un estrato de ozono y por lo tanto
los aminoácidos se habrían destruido de inmediato
dado que hubiesen estado expuestos a rayos ultravioletas
muy intensos. En otras palabras, con o sin oxígeno
en el mundo primordial, el resultado habría
sido un medio ambiente destructor de los aminoácidos.
4. Al finalizar el experimento
de Miller se habían formado muchos ácidos orgánicos
con características nocivas para la estructura
o función de los organismos vivientes. Si los
aminoácidos no hubiesen sido aislados y se los
hubiese dejado en el mismo medio ambiente con
esos elementos químicos, habría resultado inevitable
su destrucción o transformación en distintos
compuestos a través de las reacciones químicas.
Además, un gran
número de dextrógiros se forman al final del
experimento(105), los
cuales refutan la teoría incluso en el marco
de su propio razonamiento, porque esos aminoácidos
son los que resultan incapaces de funcionar
en la composición de organismos vivientes. Para
concluir, las circunstancias en que se formaron
los aminoácidos en el experimento de Miller
no eran las apropiadas para la vida. En realidad,
ese medio tomó la forma de una mezcla ácida
destruyendo y oxidando las moléculas útiles
obtenidas.
Las
más modernas fuentes evolucionistas
impugnan el Experimento de Miller |
Hoy
día el Experimento de Miller es
un tema totalmente desatendido,
incluso entre los científicos evolucionistas.
La conocida revista de ciencia evolucionista
"Earth" de febrero de 1998 expresa
en un artículo titulado
"El Crisol de la Vida":
"Los geólogos piensan ahora que
la atmósfera primordial consistía
principalmente de dióxido de carbono
y nitrógeno, gases menos reactivos
que los usados en el experimento
de 1953. Aunque haya podido existir
la atmósfera de Miller, ¿cómo se
hacen pasar por los cambios químicos
necesarios a moléculas simples como
los aminoácidos, de modo que se
conviertan en compuestos más complicados,
o en polímeros, como las proteínas?
El propio Miller renunció a seguir
con esa parte del rompecabezas.
"Es un problema", suspiró exasperado.
Y agregó: "¿Cómo se forman los polímeros?
Eso no es tan fácil"(1).
Como vimos, el propio
Miller aceptó que hoy día su experimento
no
conduce a alguna conclusión en términos
de brindar una explicación al origen
de la vida. El hecho de que nuestros
científicos evolucionistas abracen
fervientemente esa experiencia indica
solamente la aflicción de la evolución
y la desesperación de sus defensores.
En el número de marzo
de 1998 de "National Geographic",
en un artículo titulado "La Aparición
de la Vida Sobre la Tierra", se
dice sobre el tópico: "Muchos científicos
sospechan ahora que la atmósfera
primitiva era distinta a la supuesta
primero por Miller. Piensan que
consistía de dióxido de carbono
y nitrógeno más que de hidrógeno,
metano y amoníaco.
Esta es una mala noticia
para los químicos. Cuando experimentan
la reacción entre el dióxido de
carbono y el nitrógeno obtienen
una cantidad miserable de moléculas
orgánicas, el equivalente de disolver
una gota de sustancia colorante
en una piscina de agua. Los científicos
encuentran difícil imaginar que
la vida emerge de un caldo tan diluido"(2).
En resumen, ni el experimento
de Miller ni otros ensayos evolucionistas
pueden responder a la pregunta de
cómo apareció la vida sobre la Tierra.
Todas las investigaciones hechas
hasta el presente indican que es
imposible que la vida emerja por
casualidad, con lo que se confirma
que es creada.
1. "Earth", "Life's
Crucible", Febrero 1998, p. 34.
2. "National Geographic", "The Rise
of Life on Earth", Marzo 1998, p.
68. |
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Hay una realidad concreta que señalan
todos estos hechos: el
experimento de Miller no puede suponer haber
demostrado que los organismos vivos se formaron
por casualidad bajo las condiciones primitivas
de la Tierra. El experimento en su conjunto
no es más que un experimento controlado de laboratorio
y con un fin determinado, es decir, sintetizar
aminoácidos. La cantidad y tipos de gases usados
en el experimento fueron determinados de manera
ideal para posibilitar la formación de los aminoácidos.
La energía provista al sistema tampoco fue una
cantidad cualquiera sino una establecida con
precisión para posibilitar que ocurran las reacciones
necesarias. Los instrumentos del experimento
fueron aislados para no permitir que se escurra
allí algún elemento perjudicial, dañino o de
cualquier otro tipo que obstruya la formación
de los aminoácidos que probablemente estuvieron
presentes en las condiciones primitivas del
planeta. En el experimento no fue incluido ningún
elemento, minerales o mixturas que sí existían
en aquella época, los cuales posiblemente modificarían
el curso de las reacciones. El oxígeno, que
habría evitado la formación de los aminoácidos
debido a la oxidación, es solamente uno de esos
elementos destructores. Incluso bajo las condiciones
ideales de laboratorio era imposible que los
aminoácidos mantuvieran su existencia y evitaran
la destrucción sin la intervención del mecanismo
de la trampa de frío.
En verdad, con este experimento
los evolucionistas se autorrefutan porque, si
demuestra algo, es que los aminoácidos se pueden
producir solamente en el medio ambiente controlado
de un laboratorio, donde todas las condiciones
están diseñadas específicamente a través de
la intervención consciente.
La razón por la que los evolucionistas
no aceptan esta realidad evidente es su ciega
adhesión a prejuicios totalmente no científicos.
Algo bastante interesante es lo confesado por
Harold Urey, quien
organizó el experimento con su alumno Stanley
Miller:
"Todos los que
estudiamos el origen de la vida encontramos
que cuanto más examinamos tanto más percibimos
que es demasiado compleja para haberse producido
por evolución en cualquier parte. Creemos, como
un artículo de fe, que la vida se desarrolló
a partir de la materia inerte existente en este
planeta. (Pero) su complejidad, precisamente,
es demasiado grande para imaginarnos cómo se
produjo."(106)
LA ATMOSFERA DEL
MUNDO PRIMORDIAL Y LAS PROTEINAS
A pesar de todas las incoherencias
citadas antes, los evolucionistas aún se refieren
al experimento de Miller para evitar hablar
de cómo se formaron los aminoácidos por sí mismos
en la atmósfera primordial del mundo. Incluso
hoy día continúan engañando a las personas,
pretendiendo que el problema quedó resuelto
por medio de ese experimento falaz.
Sin embargo, para explicar la segunda
etapa del origen de la vida, los evolucionistas
enfrentaron un problema incomparablemente más
grande que el de la formación de los aminoácidos:
las "proteínas",
es decir, los ladrillos que edifican la vida,
compuestas de cientos de aminoácidos diferentes,
uniéndose entre sí con un orden dado.
Suponer que las proteínas se formaron
por casualidad bajo las condiciones naturales
es mucho más irreal e irrazonable que pretender
que los aminoácidos se formaron de modo azaroso.
En las páginas anteriores hemos estudiado la
imposibilidad, según el cálculo de probabilidad,
de la unión casual de los aminoácidos en la
secuencia apropiada para formar las proteínas.
Ahora examinaremos la imposibilidad de que se
produzcan las proteínas bajo las condiciones
primordiales de la Tierra.
NO ES POSIBLE
LA SINTESIS DE LA PROTEINA EN EL AGUA
Los aminoácidos al combinarse para
formar proteínas componen una unión o ligazón
especial entre ellos llamada "unión peptídica
". Durante la formación del enlace peptídico
se libera una molécula de agua.
Este hecho impugna definidamente
la explicación evolucionista de que la vida
primordial se originó en el agua porque de acuerdo
al Principio de Le Châtelier
no es posible químicamente que una reacción
que libere agua (reacción de condensación) tenga
lugar en un medio ambiente acuoso. Se dice que
la posibilidad de que ello ocurra es la menor
entre todas las reacciones químicas.
De aquí que los océanos, supuestamente
los lugares donde comenzó la vida y se originaron
los aminoácidos, definidamente no sean ambientes
apropiados para que estos últimos formen proteínas.
Por otra parte, sería irracional que los evolucionistas
cambien la forma de pensar y sostengan que la
vida comenzó en la tierra, porque el único medio
ambiente en donde los aminoácidos podrían haber
estado protegidos de los rayos ultravioletas
es el mar y los océanos. El Principio de Le
Châtelier refuta el supuesto de la formación
de la vida en el mar. Este es otro dilema que
confronta la evolución.
OTRO ESFUERZO
DESESPERADO: EL EXPERIMENTO DE FOX
Desafiados por el dilema anterior,
los evolucionistas empezaron a inventar escenarios
irreales sobre este "problema del agua" que
rebatía absolutamente sus teorías. Sydney Fox
fue uno de los más conocidos entre esos investigadores.
Para resolver ese problema presentó una teoría
según la cual los primeros aminoácidos deben
haber sido arrastrados a algunos acantilados
o zonas escarpadas cerca de un volcán, inmediatamente
después de formarse en el océano primitivo.
El agua contenida en la mezcla que incluía los
aminoácidos debe haberse evaporado cuando aumentó
la temperatura por sobre el punto de ebullición.
De esa manera los aminoácidos, que quedaron
"secos", pudieron haberse combinado para formar
las proteínas.
Sin embargo, este "complicado"
subterfugio no fue tenido en cuenta por mucha
gente porque los aminoácidos no podían soportar
temperaturas tan elevadas, como lo verificaron
los investigadores.
Pero Fox no
cedió y combinó los aminoácidos purificados
obtenidos en el laboratorio, "bajo condiciones
muy especiales", calentándolos en un medio ambiente
seco. Los aminoácidos se combinaron pero, así
y todo, no se obtuvo ninguna proteína. Lo único
que consiguió realmente fue anillos desordenados
y simples de aminoácidos, combinados arbitrariamente.
Y esos anillos estaban lejos de asemejarse a
una proteína viva. Además, si Fox habría mantenido
los aminoácidos a una temperatura estable, entonces
esos anillos inservibles también se habrían
desintegrado.(107)
Otro punto
que anuló el experimento fue que Fox no usó
los productos finales inservibles obtenidos
en el experimento de Miller sino aminoácidos
puros de organismos vivos. De todos modos, este
experimento, hecho con la intención de que sea
la continuación del de Miller, tuvo que echar
mano a los resultados obtenidos por Miller.
No obstante, ni Fox ni ningún otro investigador
usó los aminoácidos inservibles producidos por
Miller.(108)
El experimento de Fox no fue recibido
positivamente ni siquiera en los círculos evolucionistas
porque estaba claro que las cadenas de aminoácidos
inservibles (proteinoides) que obtuvo no podían
formarse bajo condiciones naturales. Con todo,
las proteínas --unidades básicas de la vida--
no pudieron ser producidas. El problema del
origen de las proteínas seguía quedando en pie.
En un artículo del decenio de 1970 en la revista
de ciencia popular "Chemical Engineering News"
se mencionó de la siguiente manera el experimento
de Fox:
"Sidney Fox
y otros investigadores procuraron unir los aminoácidos
en la forma de 'proteinoides' usando técnicas
de calentamiento muy especiales bajo condiciones
que en realidad eran totalmente inexistentes
en las etapas primitivas de la Tierra. Además,
(esos aminoácidos) no son para nada similares
a las proteínas regulares presentes en los organismos
vivos. No se trata sino de manchas irregulares,
inservibles. Se ha expresado que incluso si
ese tipo de moléculas se hubiese producido en
las primeras épocas de la Tierra, habrían sido
destruidas definidamente."(109)
En realidad, las proteínas que
había obtenido Fox eran totalmente distintas
de las proteínas reales tanto en su estructura
como en su función. La diferencia entre las
proteínas y los "proteinoides" eran tan grande
como la diferencia entre un artefacto de elevada
tecnología y un montón de materias primas sin
procesar.
Además, no hay ninguna posibilidad
para que esas cadenas irregulares de aminoácidos
sobrevivan en la atmósfera primordial. Los efectos
destructores y dañinos, físicos y químicos,
causados por la fuerte exposición ultravioleta
y las condiciones naturales inestables, harían
que los proteinoides se desintegren. Debido
al Principio de Le Châtelier, también resultaba
imposible para los aminoácidos combinarse bajo
el agua, donde los rayos ultravioletas no los
alcanzarían. En vista de esto, la idea de que
los proteinoides fueron la base de la vida perdió
apoyo eventualmente entre los científicos.
LA MOLECULA MILAGROSA:
EL ADN
Hasta ahora nuestro examen a nivel
molecular ha señalado que la formación de los
aminoácidos no ha sido esclarecida en lo más
mínimo por los evolucionistas. La formación
de las proteínas es un misterio, pero el problema
no se limita a ellas ni a los aminoácidos: resulta
solamente el inicio. La perfecta estructura
de la célula lleva a los evolucionistas a otroatolladero.
La razón está en que la célula, precisamente,
no es una cantidad de proteínas estructuradas
por aminoácidos. Es un mecanismo vivo que posee
cientos de sistemas desarrollados y es tan compleja
que el hombre se ha mostrado incapaz de resolver
su misterio. Los evolucionistas
no pueden explicar esos sistemas complejos como
así tampoco la formación de las unidades básicas
de la célula.
En tanto la teoría de la evolución
ha sido incapaz de proveer una explicación coherente
a la existencia de las moléculas que son la
base de la estructura celular, desarrollos habidos
en la ciencia genética y el descubrimiento de
ácidos nucleicos (ADN y ARN) han producido problemas
enteramente nuevos para la teoría de la evolución.
El trabajo de los científicos James Watson y
Francis Crick sobre el ADN abrieron una nueva
era en la biología en 1955. Muchos científicos
dirigieron su atención a la ciencia de la genética.
Hoy día, después de años de investigación, se
ha revelado en gran medida la estructura del
ADN.
La molécula llamada ADN que se
encuentra en el núcleo de cada una de las 100
millones de células del cuerpo humano, contiene
el plan de construcción completo de la misma.
La información respecto a las características
de la persona, la apariencia física y hasta
la estructura de los órganos internos, están
registrados en el ADN por medio de un sistema
de código especial. La información en el ADN
está codificada dentro de la secuencia de cuatro
bases especiales que componen esta molécula.
Esas bases están especificadas como A, T, G,
C, de acuerdo a las letras iniciales de sus
nombres. Todas las diferencias estructurales
entre las personas dependen de las variaciones
en las secuencias de estas letras. Se trata
de un tipo de banco de datos compuesto de cuatro
letras.
El orden secuencial de las letras
en el ADN determina la estructura del ser humano
hasta sus más leves detalles. Además de los
rasgos como el peso, los ojos, el color de la
piel y del cabello, el ADN de una sola célula
contiene también el diseño de 206 huesos, 600
músculos, una red de 2 millones de nervios ópticos,
100 billones de células nerviosas, 130 billones
de metros de vena y 100 trillones de células
en el cuerpo. Si fuésemos
a poner por escrito la información codificada
en el ADN, tendríamos que compilar una biblioteca
gigante consistente de 900 volúmenes enciclopédicos
de 500 páginas cada uno. Este increíble
volumen de información se encuentra codificado
en los componentes del ADN llamados "genes".
¿PUEDE EL ADN
PASAR A EXISTIR POR CASUALIDAD?
En este punto hay un detalle importante
que merece atención. Un error en la secuencia
de los nucleótidos que componen un gen convertiría
al mismo en completamente inútil. Cuando se
considera que en el cuerpo humano hay 200 mil
genes, se hace más evidente lo imposible que
es que los millones de nucleótidos que integran
esos genes se formen por casualidad en la secuencia
correcta. Un biólogo evolucionista, Frank Salisbury,
comenta esa imposibilidad al decir:
"Una proteína
media incluye unos 300 aminoácidos. El gen,
ADN que controla esto tiene unos mil nucleótidos
en su cadena. Dado que hay cuatro tipos de nucleótidos
en la cadena de ADN, una que consiste de mil
enlaces o uniones podría existir en 41000
formas. Usando un poco de álgebra (logaritmos)
podemos ver que 41000 = 10600.
·Diez multiplicado por si mismo 600 veces da
una cifra igual a un 1 seguido de 600 ceros!
Este número está más allá de nuestro entendimiento."(110)
Mientras la cifra 10 seguida de
once ceros es igual a un billón, una cifra con
600 ceros realmente es difícil de concebir.
La imposibilidad de la formación de ARN y ADN
por una acumulación casual de nucleótidos es
expresada por el científico francés Paul Anger:
"Tenemos
que distinguir rigurosamente los dos escenarios
en la formación fortuita de moléculas complejas,
como los nucleótidos, por medio de acontecimientos
químicos: la producción de nucleótidos uno por
uno --lo cual es posible-- y la combinación
de los mismos en frecuencias muy especiales.
Esto último es absolutamente imposible."(111)
Incluso Francis Crick, quien creyó
en la teoría de la evolución molecular durante
muchos años, se dio cuenta, después del descubrimiento
del ADN, que una molécula así de compleja no
se podía formar fortuitamente como resultado
de un proceso evolutivo:
"Un hombre honesto,
provisto de todo el conocimiento existente en
la actualidad, solamente podría decir que, en
algún sentido, el origen de la vida se presenta
casi como un milagro."(112)
El profesor evolucionista Ali Demirsoy
se vio forzado a hacer la siguiente confesión
en la materia:
"De hecho la
probabilidad de la formación de una proteína
y un ácido nucleico (ADN-ARN) es realmente incalculable.
Por otra parte, la posibilidad de la aparición
de una cierta cadena de proteína es tan pequeña
como para ser llamada astronómica."(113)
Aquí se presenta una disyuntiva
muy interesante: mientras el ADN se puede replicar
solamente con la ayuda de algunas enzimas que
en realidad son proteínas, la síntesis de las
mismas se puede llevar a cabo solamente por
medio de la información codificada en el ADN.
Como ambos dependen uno del otro, tienen que
existir simultáneamente para la duplicación.
El microbiólogo norteamericano Jacobson hace
el siguiente comentario al respecto:
"Las órdenes
de los planes reproductores, para el desarrollo
de la secuencia y para la eficiencia del mecanismo
que traslada las instrucciones que hacen al
desarrollo en conjunto, tenían que estar presentes
simultáneamente (cuando comenzó la vida). Esta
combinación de sucesos se ha presentado como
un acontecimiento accidental increíblemente
improbable, y a menudo ha sido adscrito a la
intervención divina."(114)
La cita anterior fue escrita dos
años después del descubrimiento de la estructura
del ADN por James Watson y Francis Crick. Pero
a pesar de todos los desarrollos en las ciencias,
el problema sigue sin ser resuelto por los evolucionistas.
Dos científicos alemanes, Junker y Scherer,
explicaron que la síntesis de cada una de las
moléculas requeridas por la evolución química
necesita condiciones distintas y que la probabilidad
de la combinación de estas substancias, que
teóricamente se valen de métodos muy distintos
para formarse, es igual a cero:
"Hasta ahora
no se conoce ningún experimento con el cual
podamos obtener todas las moléculas necesarias
para la evolución química. Por lo tanto, es
esencial producir distintas moléculas en distintos
lugares bajo condiciones muy apropiadas y luego
llevarlas a otro lugar para su reacción, protegiéndolas
de los elementos dañinos como la hidrólisis
y la fotólisis."(115)
En resumen, la teoría de la evolución
es incapaz de demostrar ninguna de las etapas
evolutivas que supuestamente ocurren a nivel
molecular. El progreso de la ciencia, antes
que proveer respuestas a esas cuestiones, las
hace aún más complejas e intrincadas.
Resulta muy interesante que los
evolucionistas crean en todos esos escenarios
imposibles como si cada uno de ellos fuesen
una realidad científica. Dado que están condicionados
a no admitir la Creación, no tienen ninguna
otra posibilidad más que creer en lo imposible.
Un conocido biólogo austríaco, Michael Denton,
nos habla de esto en su libro Evolution: A
Theory in Crisis (La Evolución: Una Teoría
en Crisis):
"Para
los escépticos, la proposición de que los programas
genéticos de los organismos más elevados --consistentes
en cerca de mil millones de bits de información,
equivalente a la secuencia de letras en una
pequeña biblioteca de mil volúmenes que contiene
en incontables formas codificadas miles de intrincados
algoritmos que controlan, especifican y ordenan
el crecimiento y desarrollo de billones y billones
de células en la forma de un organismo complejo--
fueron compuestos por un
proceso solamente fortuito, resulta, simplemente,
una afrenta a la razón. ·Pero para los darwinistas
--que aceptan la idea sin la mínima duda-- el
ejemplo tiene prioridad!"(116)
Confesiones
de los evolucionistas |
Los
cálculos de probabilidad dejan en
claro que las moléculas complejas
como las proteínas y los ácidos
nucleicos (ADN y ARN) no pudieron
jamás formarse por casualidad y
de modo independiente entre sí.
Así y todo, los evolucionistas tienen
que enfrentar un problema mayor,
es decir, que todas esas moléculas
complejas tiene que coexistir simultáneamente
con el objeto de que la vida exista
en conjunto. La teoría de la evolución
está totalmente confundida por este
requerimiento, cosa que algunos
destacados evolucionistas se vieron
forzados a confesar. Por ejemplo,
el Dr. Leslie Orgel, evolucionista
de reputación de la Universidad
de San Diego, California, y compañero
de Stanley Miller y Francis Crick,
dice:
"Es extremadamente
improbable que las proteínas y los
ácidos nucleicos, ambos estructuralmente
complejos, surgieran espontáneamente
en algún lugar y al mismo tiempo.
Sin embargo, parece imposible tener
a unos sin los otros. Y así, en
un primer vistazo, uno podría tener
que concluir que la vida, en realidad,
nunca se ha originado por medios
químicos"(1).
El mismo hecho es admitido
por otro científico:
"El ADN no puede operar,
incluida la formación de más ADN,
sin la ayuda de proteínas catalíticas
o enzimas. En breve, las proteínas
no se pueden formar sin ADN pero
el ADN no se puede formar sin las
proteínas"(2).
"¿Cómo se originó el
código genético junto con los mecanismos
para su traslado (ribosomas y moléculas
de ARN)? Por el momento tendremos
que contentarnos con un sentido
de asombro y reverencia antes que
con una respuesta"(3).
1. Leslie E.
Orgel, "The Origin of Life on Earth",
"Scientific American", vol. 271, Octubre
1994, p. 78.
2. John Horgan, "In the Beginning",
"Scientific American", vol. 264, Febrero
1991, p. 119.
3. Douglas R. Hofstadter, Escher,
Bach: "An External Golden Braid",
New York, Vintage Books, 1980, p.
548. |
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LA VIDA ES ALGO SUPERIOR AL
SIMPLE AMONTONAMIENTO DE MOLECULAS
Olvidemos por un momento todas
las imposibilidades y supongamos que una molécula
de proteína se formó en el medio ambiente más
inapropiado y libre, como sería bajo las condiciones
primordiales de la Tierra. La formación de una
sola proteína no sería suficiente. La misma
tendría que esperar pacientemente durante miles
o millones de años en ese medio ambiente libre
de todo control, sin sufrir ningún daño, hasta
que se forme otra molécula más, por casualidad,
bajo las mismas condiciones. Tendría que esperar
hasta que millones de proteínas esenciales y
bien hechas se formen una contigua a la otra,
en el mismo medio circundante, y todas por "casualidad".
Las que se formaron primero tienen que ser lo
suficientemente pacientes para esperar --sin
ser destruidas a pesar de los rayos ultravioletas
y rigurosos efectos mecánicos-- a que se formen
las otras exactamente en su adyacencia. Luego
esas proteínas, en una cantidad adecuada, originadas
todas en el mismo lugar, tendrían que reunirse
y dar lugar a combinaciones provechosas para
la formación de las organelas de las células.
No tiene que interferir ningún material extraño,
ninguna molécula dañina o alguna cadena de proteína
inútil. Luego, aunque esas organelas fuesen
a reunirse de una manera sumamente armoniosa
y cooperativa, dentro de un orden y una planificación,
todas deben autoposesionarse también de las
enzimas necesarias, cubrirse con una membrana
y en su interior contener un líquido especial
para preparar el medio ambiente ideal requerido.
Así y todo, si todos estos sucesos "altamente
improbables" ocurrieron realmente de modo casual,
¿pasaría a tener vida ese amontonamiento molecular?.
La respuesta es NO, porque las
investigaciones han revelado que la
simple combinación de todos los materiales esenciales
para la vida no es suficiente para que la vida
se inicie. Incluso si todas las proteínas
esenciales para la vida fuesen reunidas y puestas
en una probeta, ello no resultaría en la producción
de una célula viva. Todos los experimentos dirigidos
a ese fin han probado ser ineficaces. Todas
las observaciones y ensayos indican que la vida
solamente se puede originar a partir de la vida.
La aseveración de que la vida evolucionó a partir
de materiales inertes, en otras palabras, de
la "síntesis abiogenética", es una fábula que
existe únicamente en los sueños de los evolucionistas
y resulta algo en completo desacuerdo con los
resultados de todos los experimentos y observaciones.
En este sentido, la vida primera
sobre la Tierra se debe haber originado también
a partir de otra vida. Es un reflejo de "Hayy",
el nombre de Dios (El Dueño de la Vida). La
vida solamente puede iniciarse, continuar y
finalizar por Su voluntad. En cuanto a la evolución,
no solamente es incapaz de explicar cómo se
formó la vida, sino que también es incapaz de
explicar cómo se han formado y reunido los elementos
esenciales para la vida.
Chandra Wickramasinghe describe
la realidad que enfrentó como científico a quien
siempre se le había dicho que la vida emergió
como resultado de coincidencias fortuitas:
"Desde los inicios de mi
formación como científico, recibí un fuerte
lavado de cerebro para que crea que la ciencia
no puede ser compatible con ningún tipo de creación
premeditada. Me tuve que desprender de esa idea
con gran sufrimiento. Ahora no encuentro ningún
argumento racional para echar por tierra el
criterio que sostiene la reconciliación con
Dios (la vuelta a El). Estamos acostumbrados
a tener una mente abierta y ahora comprobamos
que la única respuesta lógica (respecto al origen)
de la vida es la Creación y no su formación
azarosa, accidental, desordenada."(117)
La
Segunda Ley de la Termodinámica
invalida
la
teoría de la evolución
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La Segunda Ley de
la Termodinámica, aceptada como
una de las leyes básicas de la física,
sostiene que bajo condiciones normales
todos los sistemas dejados a su
propias voluntad tienden a volverse
desordenados, dispersos y adulterados,
en relación directa con el tiempo
transcurrido. Todo lo viviente o
inerte se agota, deteriora, decae,
desintegra y destruye. Este es el
fin categórico que todo lo existente
enfrentará de una u otra manera.
Y de acuerdo a esta ley no hay retorno
de este proceso inevitable.
Lo dicho es algo que
todos hemos observado. Por ejemplo,
si llevamos un auto al desierto
y lo dejamos allí, es muy difícil
que lo vayamos a encontrar mejor
cuando volvamos años más tarde.
Por el contrario, veremos que los
neumáticos se desinflaron, que las
ventanas están rotas, que el chasis
se ha aherrumbrado y el motor se
ha deteriorado. El mismo proceso
inevitable es cierto, e incluso
con mayor rapidez, para los organismos
vivos.
La Segunda Ley de la
Termodinámica es el medio por el
cual dicho proceso se define con
ecuaciones y cálculos físicos.
A esta famosa ley física
se la conoce también como Ley de
la Entropía. Entropía es la duración
del desorden involucrado en un sistema
físico. La entropía de un sistema
aumenta mientras el mismo se dirige
a un estado más desordenado, disperso
y sin proyecto, proviniendo de otro
estado ordenado, organizado y planificado.
Cuanto mayor es el desorden de un
sistema, mayor resulta su entropía.
La Ley de la Entropía sostiene que
todo el Universo avanza inevitablemente
hacia un estado más desordenado,
desorganizado, sin planificación.
La validez de la Segunda
Ley de la Termodinámica o ley de
la Entropía, está establecida experimental
y teóricamente. Los más importantes
científicos de nuestra época concuerdan
en el hecho de que la Ley de la
Entropía presidirá como el paradigma
normativo el próximo período de
la historia. Albert Einstein, el
gran científico de nuestra época,
dijo que es "la ley principal de
toda la ciencia". Sir Arthur Eddington
también se refirió a ella como "la
ley metafísica suprema de todo el
Universo"(1).
La teoría de la evolución
es una afirmación que se presenta
ignorando totalmente esa auténtica
ley básica y universal de la física.
El mecanismo ofrecido por la evolución
contradice totalmente dicha ley.
La teoría de la evolución dice que
los átomos y las moléculas desordenados,
dispersos e inorgánicos se reúnen
espontáneamente con el tiempo en
un cierto orden y con cierto plan
para formar moléculas extremadamente
complejas como las proteínas, el
ADN y el ARN, después de lo cual
dieron origen a millones de especies
vivas distintas con estructuras
aún más complejas. Según la teoría
de la evolución, ese supuesto proceso
que pasa por una estructura más
compleja, más organizada, más ordenada
y más planificada en cada etapa,
se ha formado por sí mismo bajo
las condiciones naturales. La Ley
de la Entropía deja en claro que
el llamado proceso natural contradice
absolutamente las leyes de la física.
Los científicos evolucionistas
también son conscientes de esto.
Dice J. H. Rush:
"En el curso complejo
de su evolución, la vida exhibe
un notable contraste con la tendencia
expresada en la Segunda Ley de la
Termodinámica. Donde esta ley expresa
un avance irreversible hacia una
entropía creciente y desordenada,
la vida desenvuelve continuamente
más altos niveles de orden"(2).
El científico evolucionista
Roger Lewin expresa el atolladero
termodinámico de la evolución en
un artículo de la revista "Science":
"Un problema que han
enfrentado los biólogos es la aparente
contradicción de la evolución con
la Segunda Ley de la Termodinámica.
Los sistemas deberían deteriorarse
con el paso del tiempo, disminuyendo
en vez de aumentar el orden"(3).
Otro científico evolucionista,
George Stravropoulos habla en la
revista evolucionista "American
Scientist" de la imposibilidad termodinámica
para la formación espontánea de
la vida y de la imposibilidad de
explicar un mecanismo vivo complejo
por medio de las leyes naturales:
"No obstante, bajo
condiciones ordinarias, nunca se
puede formar espontáneamente ninguna
molécula orgánica compleja, sino
que más bien se desintegrará, de
acuerdo con la Segunda Ley. En realidad,
cuanto más compleja es resulta más
inestable, y lo que se confirma,
más temprano o más tarde, es su
desintegración. La fotosíntesis
y todos los procesos de la vida,
y la vida en sí mismo, a pesar de
todo lo que se dice confusamente,
deliberadamente o no, no puede comprenderse
en términos de la termodinámica
o de cualquier otra ciencia exacta"(4).
Como se reconoce, la Segunda Ley de
la Termodinámica constituye un obstáculo insuperable
para el escenario de la evolución, en términos tanto
de la ciencia como de la lógica. Los evolucionistas,
incapaces de presentar ninguna explicación coherente
y científica para superar ese obstáculo, pueden
imponerse al mismo solamente en su imaginación.
Por ejemplo, Jeremy Rifkin señala su creencia de
que la evolución anonada esta ley de la física con
un "poder mágico":
"La Ley de la Entropía
dice que la evolución disipa toda
la energía disponible para la vida
en el planeta. Nuestro concepto
de la evolución es exactamente el
opuesto. Creemos que la evolución,
de algún modo mágico, crea un valor
y orden energético más grande sobre
la Tierra"(5).
Estas palabras indican
muy bien que la evolución es, plenamente,
una creencia dogmática.
El mito del "sistema
abierto".
Los evolucionistas,
confrontados por todas esas verdades,
se tuvieron que refugiar en una
Segunda Ley de la Termodinámica
destrozada, mutilada, al decir que
la misma es cierta solamente para
un "sistema cerrado", pero que un
"sistema abierto" queda por fuera
del campo de esa Ley.
Un "sistema abierto"
es un sistema termodinámico en el
que la sustancia energética fluye
dentro y fuera del mismo, a diferencia
de un "sistema cerrado" en el que
la energía y sustancia inicial permanecen
constantes. Los evolucionistas sostienen
que el mundo es un sistema abierto:
está constantemente expuesto a una
energía que fluye desde el sol,
la Ley de la Entropía no se aplica
al mundo en su conjunto y los seres
vivientes complejos y ordenados
pueden generarse a partir de estructuras
inanimadas, simples y desordenadas.
Sin embargo, en lo
dicho hay una distorsión obvia.
El hecho que un sistema tenga un
flujo de energía no es suficiente
para hacerlo ordenado. Se necesitan
mecanismos específicos para que
la energía sea funcional. Por ejemplo,
un auto necesita un motor, un sistema
de transmisión y mecanismos de control
para convertir la energía de la
gasolina en trabajo. Sin un sistema
de conversión energética el auto
no será capaz de usar la energía
existente en la gasolina.
En el caso de la vida
se aplica lo mismo. Es cierto que
la vida deriva su energía del sol.
Sin embargo, la energía solar puede
convertirse en energía química solamente
por medio de sistemas de conversión
complejos en los organismo vivos.
(Como la fotosíntesis en las plantas
y los sistemas digestivos de humanos
y animales). Nada puede vivir sin
esos sistemas de conversión. Sin
un sistema de conversión el sol
no es más que una fuente de energía
destructiva que quema, reseca o
funde.
Como se puede ver,
un sistema termodinámico sin un
mecanismo de conversión de la energía
de algún tipo, no es provechoso
para la evolución, sea abierto o
cerrado. Nadie asevera que un mecanismo
así, complejo y consciente, pudo
haber existido en la naturaleza
bajo las condiciones de la Tierra
primitiva. En realidad, el problema
a que hacen frente los evolucionistas
es la cuestión de cómo pasaron a
existir por sí mismos los mecanismos
complejos de conversión de energía,
como la fotosíntesis en las plantas,
cosa que no pudo ser copiada ni
siquiera con la moderna tecnología
de hoy día.
El influjo de la energía
solar en el mundo no tiene ningún
efecto que por sí solo produciría
orden. Independientemente de lo
elevado de la temperatura, los aminoácidos
resisten la formación de uniones
en secuencias ordenadas. La energía
por sí solo no es suficiente para
hacer que los aminoácidos formen
las moléculas mucho más complejas
de las proteínas o para que éstas
formen las estructuras organizadas
y mucho más complejas de las organelas
de las células. La fuente real y
esencial de esa organización en
todos los niveles es un designio
consciente: en una palabra, la Creación.
La "teoría del caos"
como escapatoria.
Algunos científicos
evolucionistas, totalmente conscientes
de que la Segunda Ley de la Termodinámica
vuelve imposible la evolución, intentaron
cerrar esa brecha por medio de especulaciones.
Como siempre, incluso esos esfuerzos
señalan que la teoría de la evolución
enfrenta una desavenencia irreconciliable
de la que no puede escapar.
Una persona distinguida
por sus esfuerzos por unir la termodinámica
y la evolución es el científico
belga Ilya Prigogine. Partiendo
de la teoría del caos propuso una
serie de hipótesis mediante las
cuales el orden tiene lugar desde
el caos (desde el desorden). A pesar
de sus mayores esfuerzos fue incapaz
de concretar esa unión, cosa que
se advierte claramente en lo que
expresa:
"Hay otra cuestión
que nos ha fastidiado durante más
de un siglo: ¿qué significado tiene
la evolución de un ser viviente
en el mundo descrito por medio de
la termodinámica, un mundo de un
desorden siempre creciente?"(6).
Prigogine, quien sabe
realmente bien que las teorías a
nivel molecular no son aplicables
a los sistemas vivientes, como en
el caso de una célula viva, subraya
este problema:
"El problema del orden
biológico involucra la transición
de la actividad molecular al orden
supramolecular de la célula. Este
problema está lejos de ser resuelto"(7).
Ese es el punto más
reciente alcanzado por la Teoría
del Caos y las especulaciones conexas.
No se ha obtenido ningún resultado
concreto que apoye o verifique la
evolución o elimine la contradicción
de la evolución con la entropía
y con otras leyes físicas.
A pesar de todos esos
hechos evidentes, los evolucionistas
intentaron defenderse con simples
subterfugios. Verdades científicas
sencillas indican que los organismos
vivientes y sus estructuras complejas,
planificadas y ordenadas, de ninguna
manera pudieron pasar a existir
por casualidad bajo circunstancias
normales. Este hecho deja en claro
que la existencia de lo viviente
se puede explicar solamente por
la intervención de un poder sobrenatural.
Ese poder es la Creación de Dios,
Quien creó todo el Universo de la
nada. La ciencia ha probado que
la evolución es imposible en lo
que a la termodinámica concierne,
y que la existencia de la vida no
tiene ninguna explicación que no
sea la Creación.
1. Jeremy Rifkin,
"Entropy: A New World View", N. York,
Vikking Press, 1980, p. 6.
2. J. H. Rush, "The Dawn of Life",
N. York, Signet, 1962, p. 35.
3. Roger Lewin, "A Downward Slope
to Greater Diversity", "Science",
vol. 217, 24/9/1982, p. 1239.
4. George P. Stravropoulos, "The Frontiers
and Limits of Science", "American
Scientist", vol. 65, Noviembre-Diciembre
1977, p. 674.
5. Jeremy Rifkin, "A New World View",
p. 55.
6. Ilya Prigogine, Isabelle Stengers,
"Order Out of Chaos", N. York, Bantman
Books, 1984, p. 129.
7. Idem, p. 175. |
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