EL ATOLLADERO DE LA EVOLUCION
MOLECULAR
En anteriores secciones de este
libro hemos relatado cómo los registros fósiles
invalidan la teoría de la evolución. De hecho,
no necesitábamos relatar nada de eso porque
la teoría de la evolución colapsa mucho antes
que se considere algún supuesto acerca de la
"evolución de las especies" y acerca de la evidencia
de los fósiles. El tema que hace a la teoría
sin sentido desde el inicio es la cuestión de
cómo apareció la vida en la Tierra la primera
vez.
La teoría de la evolución al referirse
a esta cuestión, sostiene que la vida comenzó
con una célula que se formó por casualidad.
De acuerdo al escenario, hace 4 millones de
años distintos compuestos químicos inorgánicos
sufrieron una reacción en la atmósfera primordial
de la Tierra, en la cual los efectos de los
rayos y de la presión hicieron que se forme
la primera célula viviente.
Lo primero que se debe decir es
que la pretensión de que materiales inorgánicos
se juntaron para formar la vida es algo no científico,
pues no está verificado por ningún experimento
u observación hechos hasta ahora. La vida se
genera solamente a partir de la vida. Cada nueva
célula con vida se forma por la duplicación
de otra. Nadie jamás en el mundo ha tenido éxito
para constituir una célula reuniendo materiales
inorgánicos, ni siquiera en los laboratorios
más avanzados.
La teoría de la evolución pretende
que la célula de un ser vivo --que no puede
ser producida aunque se reúna al efecto toda
la potencia del conocimiento, la tecnología
y el intelecto humano-- se las arregló, a pesar
de todo, para formarse casualmente bajo las
condiciones primitivas de la Tierra. En las
páginas que siguen examinaremos porqué esta
pretensión se opone a los principios más elementales
de la ciencia y de la razón.
LA FABULA DE "LA
CELULA PRODUCIDA POR CASUALIDAD"
Si alguien cree que una célula
pasa a existir por casualidad, entonces no hay
nada que le impida creer en la historia que
contaremos a continuación. Se trata de la historia
de una ciudad.
Un día una masa de barro presionada
entre las rocas en una zona estéril, se mojó
después de llover. El barro mojado se secó y
endureció cuando salió el sol y tomó una forma
rígida, resistente. Después, esas rocas, que
también sirvieron como molde, se hicieron pedazos
y a continuación apareció un ladrillo, robusto,
bien formado, bonito. Ese ladrillo esperó años
bajo las mismas condiciones naturales hasta
que se formase otro ladrillo similar. Así continuó
la situación hasta que se formaron cientos de
miles de ladrillos en el mismo lugar. De todos
modos, de manera casual, no resultó dañado ninguno
de los ladrillos. Aunque quedaron expuestos
durante miles de años a las tormentas, a las
lluvias, a los vientos, al sol abrasador, al
frío glacial, los ladrillos no se rompieron,
no se fragmentaron ni se dispersaron, sino que
permanecieron en el mismo lugar, con la misma
determinación, a la espera de que se formen
otros ladrillos.
Cuando el número de ladrillos fue
adecuado, se colocaron uno sobre el otro y al
lado del otro para dar lugar a una edificación,
cosa que se logró de manera fortuita por medio
de los efectos de las condiciones naturales,
como ser, los vientos, los temporales o las
tornados. Entre tanto, bajo las "condiciones
naturales" se formaron otros materiales, como
el cemento o la argamaza, que se colocaron y
distribuyeron perfectamente por sí mismos entre
los ladrillos para conseguir el agarre o sujeción
entre sí. Mientras sucedía todo eso bajo las
"condiciones naturales", se moldeaba el mineral
de hierro para estructurar los cimientos del
edificio del que estamos hablando. Al final
del proceso tendremos un edificio completo con
todos sus elementos, carpintería e instalaciones
íntegras.
Por supuesto, un edificio no consiste
solamente de un cimiento, ladrillos y cemento.
¿Cómo se obtienen entonces los materiales faltantes?.
La respuesta es simple: todos los tipos de materiales
que se necesitan para la construcción de un
edificio existen en la tierra sobre la que se
levanta el edificio. Silicio para los vidrios,
cobre para los cables de la electricidad, hierro
para las columnas, las viguetas y los caños,
etc., son todos materiales que existen bajo
la tierra en cantidades abundantes. Con la sola
habilidad de las "condiciones naturales" todo
esos elementos tomaron forma y se ubicaron en
la parte correspondiente del edificio. Todas
las instalaciones, la carpintería y los accesorios,
se ubicaron entre los ladrillos o paredes con
la ayuda del viento, la lluvia y los terremotos.
Todo sucedió tan bien, de modo que al ir juntándose
los ladrillos dejaron los espacios necesarios
para las ventanas, como si supieran que oportunamente
cosas llamadas marco y vidrio se formarían por
medio de las condiciones naturales. Tampoco
se olvidaron de dejar el espacio correspondiente
para las instalaciones de agua y de los sistemas
eléctricos y de calefacción, sistemas que también
tomaron cuerpo más tarde de manera fortuita.
Todo ha marchado tan bien que las "coincidencias"
y las "condiciones naturales" produjeron un
diseño perfecto.
Si usted es capaz de creer este
relato, no tendrá ningún problema en presumir
la manera en que pasaron a existir todos los
demás elementos de una ciudad, como los sistemas
de transporte, las comunicaciones, las infraestructuras,
las autopistas, otros edificios y diversos caminos.
Si usted posee conocimientos tecnológicos y
es versado en la materia, incluso puede escribir
un libro sumamente "científico", de varios volúmenes,
contando sus teorías acerca del "proceso evolutivo
de un sistema de albañal y su isocronismo con
las estructuras presentes". También puede ser
condecorado con un premio académico por sus
brillantes estudios y considerarse un genio
que lleva luz a la humanidad.
La teoría de la evolución supone
que la vida pasó a existir por casualidad. Es
una suposición que en nada es menos absurda
que el relato que terminamos de hacer porque,
con todos sus sistemas operacionales, de comunicación,
transporte y administración, una célula no es
menos compleja que una ciudad.
EL MILAGRO EN LA CELULA Y EL FIN
DE LA TEORIA DE LA EVOLUCION
 |
| Con todos
sus sistemas opcionales, sistemas
de comunicación, transporte y administración,
una célula no es para nada menos compleja
que cualquier ciudad. |
|
La estructura compleja de una célula
viva era desconocida en la época de Darwin y
los evolucionistas pensaban entonces que decir
que la vida era el resultado de "coincidencias
y condiciones naturales" era suficiente para
que la gente crea en sus teorías.
La tecnología del siglo XX ha penetrado
en las partículas más pequeñas de la vida y
ha revelado que la célula es el sistema más
complejo confrontado por la humanidad. Hoy día
sabemos que la célula contiene usinas que producen
la energía que ha de ser usada por la célula,
fábricas que elaboran las enzimas y las hormonas
esenciales para la vida, un banco de datos donde
se registra toda la información necesaria sobre
los productos a fabricarse, complejos sistemas
de transporte y tuberías para llevar materias
primas y productos de un lugar a otro, laboratorios
y refinerías avanzados para triturar o licuar
las materias primas que vienen del exterior.
Y lo dicho es solamente una pequeña parte de
ese increíble sistema complejo.
Una célula es tan compleja que
incluso el alto nivel de tecnología obtenido
por la humanidad no puede producir una de ellas.
Ningún esfuerzo por crear una célula artificial
ha tenido éxito. En realidad, muchos intentos
en tal sentido han logrado solamente la frustración
y fueron abandonados.
La teoría de la evolución pretende
que este sistema (el de la célula) --que el
género humano no pudo reproducir con toda la
inteligencia, conocimiento y tecnología a su
disposición-- pasó a existir fortuitamente bajo
las condiciones de la Tierra primitiva. Para
hacernos una mejor idea de ello, podemos decir
que la probabilidad de que una célula se forme
de manera casual es tan mínima como la posibilidad
de que un libro sea impreso por medio de una
explosión que ocurra en una imprenta.
El matemático
y astrónomo inglés Sir Fred Hoyle hizo una comparación
similar en un reportaje que lo publicó la revista
"Nature" del 12/11/1981. Aunque Hoyle es evolucionista,
expresó que la posibilidad de que una forma
de vida superior haya emergido de esa manera
(como lo plantean los evolucionistas) era comparable
a la posibilidad de que un tornado que barriese
o azotase un depósito de chatarra ensamble un
Boeing 747 con el material existente allí.(91)
Esto significa que no es posible que la célula
pase a existir por medio de coincidencias, y
por lo tanto, de modo definido, tiene que haber
sido "creada".
Una de las razones que no permiten
que la teoría de la evolución pueda explicar
cómo pasó a existir la célula, es la "complejidad
irreductible" de la misma. La célula viva se
automantiene con la cooperación armoniosa de
muchas organelas. Si solamente una de esas organelas
deja de cumplir su función, la célula no puede
permanecer viva. La célula no tiene la posibilidad
de esperar que mecanismos inconscientes como
el de la selección natural o el de la mutación
le permitan desarrollarse. Así, la primera célula
sobre la Tierra fue necesariamente una célula
completa con todos las organelas y funciones
requeridas, lo cual significa, definidamente,
que dicha célula tenía que haber sido creada.
Confesiones
de los evolucionistas
|
La
teoría de la evolución no enfrenta
ninguna crisis más grande que cuando
tiene que explicar la aparición
de la vida. La razón es que las
moléculas orgánicas son tan complejas
que su formación no puede explicarse
como algo casual, es decir, resulta
manifiestamente imposible que una
célula orgánica se haya formado
por casualidad.
Los evolucionistas
hicieron frente a la cuestión del
origen de la vida en el segundo
cuarto del siglo XX. Una de las
principales autoridades de la teoría
de la evolución molecular, el evolucionista
ruso Alexander I. Oparin, dijo en
su libro "El Origen de la Vida"
publicado en 1936: "Desgraciadamente,
el origen de la célula permanece
como un problema, realmente como
el punto más oscuro de toda la teoría
de la evolución"(1).
Desde
Oparin en adelante los evolucionistas
han llevado a cabo incontables experimentos,
condujeron investigaciones e hicieron
observaciones para demostrar que
la célula pudo haberse formado fortuitamente.
Sin embargo, todos esos intentos
lo único que lograron es confirmar
cada día más el diseño complejo
de la célula, con lo cual se refutaba
más aún la hipótesis de los evolucionistas.
El profesor Klaus Dose, presidente
del Instituto de Bioquímica en la
Universidad de Johannes Gutenberg,
dice:
"Más de 30 años de
experimentos sobre el origen de
la vida en los campos de la química
y de la evolución molecular han
conducido a una mejor percepción
de la inmensidad del problema de
dicho origen en la Tierra antes
que a su solución. Actualmente,
todas las discusiones sobre las
teorías y experimentos principales
en ese campo, finalizan en una dificultad
insuperable o en la confesión de
ignorancia"(2).
La siguiente manifestación
del geoquímico Jeffrey Bada del
Instituto Scripps de San Diego,
deja en claro la impotencia de los
evolucionistas respecto a esta situación
sin salida: "Hoy día, mientras dejamos
el siglo XX, aún enfrentamos el
más grande problema irresuelto que
teníamos cuando entrábamos a este
siglo: ¿cómo se originó la vida
en la Tierra?"(3).
1. Alexander
I. Oparin, "Origin of Life", (1936),
N. York, Dover Publications, reprinted
1953, p. 196.
2. Klaus Dose, "The Origin of Life:
More Questions Than Answers", "Interdisciplinary
Science Reviews", vol. 13, N° 14,
1988, p. 348.
3. Jeffrey Bada, "Earth", Feberero
de 1998, p. 40. |
|
LAS PROTEINAS
PONEN EN TELA DE JUICIO
LA CASUALIDAD
Lo dicho se refiere a la célula.
Pero la evolución no puede explicar ni siquiera
los elementos que la "constituyen": no es posible
la formación, bajo las condiciones naturales,
de una proteína sencilla. Menos aún, por lo
tanto, de las miles de moléculas de proteínas
complejas que componen la célula.
Las proteínas son moléculas gigantes
consistentes de unidades más pequeñas llamadas
"aminoácidos", los cuales están dispuestos en
una secuencia particular en ciertas cantidades
y estructuras. Esas moléculas constituyen los
"ladrillos" de una célula viva. La molécula
más simple se compone de 50 aminoácidos, pero
hay algunas que se componen de miles de aminoácidos.
El punto crucial es: la ausencia,
la adición o el reemplazo de un solo aminoácido
en la estructura de la proteína provoca que
se convierta en un amontonamiento molecular
inservible. Cada aminoácido tiene que estar
en el lugar correcto y en el orden correcto.
La teoría de la evolución, que supone que la
vida emergió como resultado de una casualidad,
se desespera frente a este orden, dado que es
demasiado pasmoso para ser explicado por medio
de la casualidad. (Por otra parte, la teoría
incluso es incapaz de explicar el supuesto de
la "formación coincidente" de los aminoácidos,
lo cual discutiremos luego).
El hecho que la estructura funcional
de las proteínas no puede acaecer de ninguna
manera casualmente, es algo fácilmente observable
incluso por el simple cálculo de probabilidad
que cualquiera puede comprender.
Una molécula de proteína promedio está compuesta
de 288 aminoácidos, de los cuales 12 son de tipos distintos.
Esto se puede disponer u ordenar en 10300 modos distintos
(Se trata de un número muy grande, consistente de un "uno" seguido
de 300 ceros). De todas esas secuencias u órdenes, sólo una
forma la molécula de proteína deseada. El resto constituyen
cadenas de aminoácidos que, o son inservibles o son potencialmente
dañinas para la vida.
En otras palabras, la probabilidad de la formación
de solamente una molécula de proteína es de "1 en 10300",
o sea, es prácticamente imposible que ocurra la formación de
esa proteína casualmente (En matemáticas las probabilidades
menores a 1 en 1050 se aceptan como "probabilidad cero").
Por otra parte, una molécula de
proteína de 288 aminoácidos es más bien una
molécula modesta comparada con algunas gigantes
que consisten de miles de aminoácidos. Al aplicar
a esas moléculas gigantes de proteínas un cálculo
de probabilidades similar, nos encontraremos
con que hasta el término "imposible" resulta
inadecuado para su producción fortuita.
Al dar un paso más en el desarrollo
del esquema de la vida, observamos que una proteína
sola no significa nada por sí misma. Una de
las bacterias más pequeñas descubierta, "Micoplasma
Hominis H 39", contiene 600 "tipos" de proteínas.
Si tenemos que repetir el cálculo de probabilidad
para cada uno de estos 600 tipos distintos de
proteínas, veremos que el resultado agota incluso
el concepto de "imposible".
Alguien que esté
leyendo esto y que hasta ahora ha aceptado la
teoría de la evolución como una explicación
científica, puede sospechar que estos números
son exagerados y que no reflejan los hechos.
No es así: hay hechos definidos y concretos.
Ningún evolucionista puede objetar esos números.
Los evolucionistas aceptan que la formación
por coincidencia de una sola proteína es "tan
improbable como la posibilidad de que un mono
escriba la historia de la humanidad en una máquina
de escribir sin cometer un solo error."(92)
Sin embargo, en vez de aceptar la otra explicación,
es decir, la Creación, siguen defendiendo esa
imposibilidad.
El mismo hecho
es confesado por muchos evolucionistas. Por
ejemplo, Harold B. Blum, un conocido científico
evolucionista dice que "la formación espontánea
de un polipétido de la medida de la proteína
conocida más pequeña, se la ve más allá de toda
probabilidad."(93)
Los evolucionistas
pretenden que la evolución molecular tuvo lugar
en un período muy largo, período que hizo posible
lo imposible. A pesar de eso, por más largo
que pueda ser el período, no es posible que
los aminoácidos formen las proteínas de manera
casual. El geólogo norteamericano William Stokes
admite esto en su libro Essentials of Earth
History (Lo Esencial de la Historia de la Tierra)
al decir que esa probabilidad es tan pequeña
"que ella (la proteína) no se produciría durante
billones de años en billones de planetas, cada
uno de ellos cubierto por una alfombra de solución
acuosa concentrada de los aminoácidos necesarios."(94)
Por lo tanto, ¿qué significa todo
esto?. El profesor de química Perry Reeves responde:
"Cuando uno examina
el vasto número de estructuras posibles que
podrían resultar de una simple combinación fortuita
de aminoácidos en un lago primordial en evaporación,
es difícil creer que la vida pudo originarse
de esa manera. Es más plausible que un Gran
Constructor con un plan maestro fuese requerido
para una tarea así."(95)
Si incluso es imposible la formación
coincidente de una de esas proteínas, es billones
de veces más imposible que un millón de esas
proteínas se reúnan apropiadamente de modo casual
e integren una célula humana completa. Más aún,
una célula no se compone en ningún momento de
un simple amontonamiento de proteínas. Además
de éstas, una célula incluye también ácidos
nucleicos, carbohidratos, lípidos, vitaminas
y muchos otros elementos químicos como electrolitos,
ordenados en una proporción, armonía y diseño
específico en términos de estructura y función.
Cada uno de esos componentes funciona como un
armazón para la construcción o una co-molécula
en distintas organelas.
Robert Shapiro,
profesor de química en la Universidad de Nueva
York y experto en ADN, calculó la probabilidad
de una formación coincidente de 2.000 tipos
de proteínas encontradas en una sola bacteria
(En una célula humana hay 200 mil tipos de proteínas).
El número hallado fue el de 1 en 1040000
(Se trata de un número increíble formado por
un uno seguido de 40.000 ceros).(96)
Chandra Wickramasinghe, profesor
de astronomía y matemáticas aplicadas de la
Universidad College (Cardiff, Gales, Inglaterra)
comenta:
"La probabilidad
de la formación de la vida de manera espontánea
a partir de la materia inanimada es de 1/1040.000
… (El denominador) es un número suficientemente
grande para sepultar a Darwin y a la teoría
de la evolución en su conjunto. No existió ningún
caldo primitivo, ni en este planeta ni en ningún
otro, y si los comienzos de la vida no fueron
fortuitos, deben haber sido, por lo tanto, el
producto de una inteligencia con un propósito
determinado."(97)
Sir Fred Hoyle comenta sobre esos
números inverosímiles:
"En realidad
una teoría así (que la vida fue montada o convocada
por una inteligencia) es tan obvia que uno se
asombra de porqué no es ampliamente aceptada
como algo autoevidente. Las razones son psicológicas
antes que científicas."(98)
Hoyle usó el término "psicológicas"
porque el autoacondicionamiento de los evolucionistas
no acepta que la vida pudo haber sido creada.
Esa gente ha determinado el rechazo de la existencia
de Dios como su objetivo principal. Sólo por
esta razón siguen defendiendo escenarios irrazonables
que ellos mismos reconocen que son imposibles.
PROTEINAS LEVOGIRAS
Examinemos ahora en detalle porqué
es imposible el escenario evolucionista relatado
para la formación de las proteínas.
La secuencia correcta de los aminoácidos
adecuados no es por sí sola suficiente para
la formación de una molécula de proteína. Además,
cada uno de los 20 tipos diferentes de aminoácidos
presentes en la composición de las proteínas
deben ser levógiros. Entre los aminoácidos hay
dos tipos distintos: los "levógiros" y los "dextrógiros".
La diferencia entre ellos es la simetría especular
entre sus estructuras tridimensionales, similar
a la mano derecha y a la mano izquierda de una
persona.
Los aminoácidos de cualquiera de
esos dos tipos pueden unirse fácilmente entre
sí. A través de la investigación se ha revelado
un hecho asombroso: todas las proteínas en las
plantas y en los animales, desde los organismos
más simples a los más complejos, están integradas
con aminoácidos levógiros. Si aunque más no
sea un solo aminoácido dextrógiro se liga a
la estructura de la proteína, esta se vuelve
inservible. Algo bastante interesante es que
en algunos experimentos las bacterias a las
que se le agregaron aminoácidos dextrógiros
fueron inmediatamente destruidas, excepto en
algunos casos en los que a partir de los componentes
fracturados formaron aminoácidos levógiros,
pudiendo entonces usarlos.
Supongamos por un instante que
la vida pasó a existir por casualidad, como
suponen los evolucionistas que sucedió. En este
caso, los aminoácidos levógiros y dextrógiros
generados por casualidad deberían estar presentes
en cantidades más o menos iguales en la naturaleza.
Por lo tanto todos los seres vivientes deberían
tener ambos aminoácidos en su constitución porque
químicamente es posible que los aminoácidos
de esos dos tipos se combinen entre sí. Pero
en la realidad, las proteínas que existen en
todos los organismos vivientes están compuestos
solamente de aminoácidos levógiros.
La cuestión de cómo las proteínas
pueden escoger de entre todos los aminoácidos
solamente los levógiros y cómo en el proceso
de la vida no se involucra ni siquiera uno dextrógiro,
es algo que aún hace frente a los evolucionistas:
no tienen ninguna manera de explicar una selección
tan consciente y específica.
Además, esta característica de
la proteína intensifica la confusión del atolladero
de la "coincidencia" de los evolucionistas.
Con el objeto de que sea generada una proteína
"significativa" no es suficiente la existencia
de una cierta cantidad de aminoácidos en una
secuencia perfecta y que se combinen con el
diseño tridimensional correcto. Además, todos
los aminoácidos tienen que ser elegidos de entre
los levógiros y no puede existir ni un solo
aminoácido dextrógiro entre ellos. No obstante,
no hay ningún mecanismo de selección natural
que identifique que un aminoácido dextrógiro
se ha agregado a la secuencia, que lo reconozca
como un error y que por lo tanto indique que
debe ser sacado de la cadena. Esta situación
elimina, una vez más, y para siempre, la posibilidad
de la coincidencia y casualidad.
En la Enciclopedia de Ciencia Británica,
que es una franca defensora de la evolución,
se indica que los aminoácidos de todos los seres
vivos en la Tierra, los "ladrillos" para la
construcción de polímeros complejos como las
proteínas, tienen la misma asimetría levógira.
Esto es equivalente
a que una moneda caiga siempre sobre la misma
cara después de arrojarla un millón de veces.
En la misma Enciclopedia se dice que no es posible
comprender porqué las moléculas se convirtieron
en levógiras o dextrógiras y se expresa que
dicha elección está relacionada de manera fascinante
con la fuente de la vida en la Tierra.(99)
Si una moneda siempre presenta
la misma cara cuando se la arroja un millón
de veces, ¿es más lógico atribuir eso a una
casualidad o aceptar que hay una intervención
consciente? La respuesta debería ser obvia.
Sin embargo, a pesar de esa aparente obviedad,
los evolucionistas se refugian en lo fortuito
o casual simplemente porque no quieren aceptar
la existencia de la "intervención consciente".
Una situación similar a la de los
aminoácidos y el carácter levógiro sucede con
los nucleótidos, las unidades más pequeñas de
ADN y ARN. A diferencia de los aminoácidos en
los organismos vivos, en los nucleótidos sólo
son elegidas las formas dextrógiras. Esa es
otra situación que nunca se puede explicar por
medio de la casualidad.
Como conclusión, está definidamente
probado por las probabilidades que estuvimos
examinando hasta ahora, que la fuente de la
vida no se puede explicar a través de la casualidad.
Si intentamos calcular la probabilidad de que
una proteína promedio compuesta de 400 aminoácidos
seleccione a éstos solamente de entre los levógiros,
nos encontramos con una relación 1/2400,
es decir, 1/10120. Con el objeto
de hacer una comparación, recordemos que el
número de electrones en el universo se estima
en 1079, un número mucho más pequeño
que el (denominador) anterior. La probabilidad
de que esos aminoácidos formen la secuencia
y la forma funcional requerida, debería dar
lugar a números muchos más grandes. Si unimos
estas probabilidades y expandimos el tema a
la formación de un número y un tipo de proteínas
más grandes, los cálculos se vuelven inimaginables.
LA UNION CORRECTA
ES VITAL
Todo lo dicho antes, de cualquier
modo, no pone fin a las dificultades de la evolución.
No es suficiente que los aminoácidos estén ordenados
según las cantidades, secuencias y estructuras
tridimensionales necesarias correctas. La formación
de una proteína también requiere que las moléculas
de aminoácidos con más de un brazo se vinculen
con otra solamente por medio de ciertos brazos.
Tal vinculación se denomina "unión peptídica".
Los aminoácidos pueden vincularse entre sí de
modos distintos, pero las proteínas están compuesta
sola y únicamente de esos aminoácidos reunidos
por uniones "peptidas".
Una comparación aclarará este punto.
Supongamos que todas las partes de un auto fueron
colocadas correctamente, con la única excepción
que una de las ruedas no fue asegurada con las
tuercas y tornillos correspondientes sino con
un pedazo de alambre y de modo tal que la parte
exterior de la llanta queda paralela al suelo.
El auto no podrá moverse ni un metro, independientemente
de la tecnología compleja o el motor poderoso
de que disponga. En una primera observación,
todo parece estar en su lugar, pero la colocación
incorrecta de una de las ruedas se traduce en
la ineptitud o nulidad del auto como tal. De
la misma manera, la unión de aunque más no sea
un aminoácido con otro por medio de una vinculación
distinta a la peptídica en una molécula de proteína,
vuelve a toda la molécula inútil, inservible.
Los investigadores han puesto de
manifiesto que la combinación fortuita de los
aminoácidos se da con una unión peptídica solamente
en una proporción del 50%, en tanto que el resto
lo hace con uniones distintas que no están presentes
en las proteínas. Para funcionar apropiadamente,
cada aminoácido que compone una proteína debe
unirse solamente con una unión peptídica, de
la misma manera que los aminoácidos tienen que
ser elegidos solamente de entre los levógiros.
Es decir, cuando consideramos una proteína integrada
por 400 aminoácidos, la probabilidad de que
todos los aminoácidos se combinen entre sí solamente
con enlaces peptídicos, es de 1/2399.
PROBABILIDAD CERO
Como se puede ver en el recuadro
al fin de este capítulo, la probabilidad de
la formación de una molécula de proteína compuesta
de 500 aminoácidos es de 1 sobre un número formado
por otro 1 seguido de 950 ceros, algo difícil
de concebir para la mente humana. Se puede hablar
solamente de probabilidad, porque en la práctica
la misma tiene una posibilidad "cero" de concretarse.
Una probabilidad de "1 sobre 10950"
está más allá de los límites de la definición.
10950
=
100.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.
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000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.
000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.
000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000000.
|
| La
probabilidad de que una molécula de
proteína compuesta por 500 aminoácidos
esté ordenada según la cantidad y
secuencia correctas, junto a la probabilidad
de que todos los aminoácidos que contenga
sean zurdos y que sólo se combinen
con enlaces pépticos es de "1" sobre
10950. Podemos escribir
este número, el cual está formado
por 950 ceros junto a un 1 del siguiente
modo: |
|
Mientras la improbabilidad de la
formación de una molécula de proteína compuesta
de 500 aminoácidos alcanza tal grado, podemos
expandir más los límites de la mente con niveles
más elevados de improbabilidad. En la molécula
"hemoglobina", que es una proteína vital, hay
574 aminoácidos, es decir, un número más grande
que el que conforma la proteína mencionada antes.
Si consideramos que solamente en uno de los
billones de glóbulos rojos del cuerpo humano
hay 280 millones de moléculas de Hemoglobina,
no es suficiente la supuesta edad de la Tierra
para producir la formación, aunque más no sea,
de una simple proteína por medio del método
de "prueba y error", sin hablar ya de un glóbulo
rojo. Incluso si suponemos que los aminoácidos
se han combinado y descompuesto por el método
de "prueba y error" sin perder ningún momento,
desde la formación del mundo, para la formación
de una sola proteína, así y todo el período
de tiempo requerido es mayor que la edad actual
del mundo, es decir, no alcanza para cubrir
la probabilidad de 1/10950.
La conclusión derivada de todo
esto es que el criterio de la evolución cae
en un profundo abismo de improbabilidad precisamente
en el estadio de formación de una proteína aislada.
|
Hay
tres condiciones básicas para la
formación de una proteína útil.
Primera condición :
Que todos los aminoácidos en la
cadena de proteína sean del tipo
correcto, en la secuencia correcta.
Segunda condición :
Que todos los aminoácidos sean levógiros.
Tercera condición :
Que todos esos aminoácidos se combinen
con un vínculo muy especial llamado
"unión péptida".
Con el objeto de que
una proteína se forme por casualidad,
deben existir simultáneamente las
tres condiciones básicas mencionadas.
La probabilidad de la formación
de una proteína de forma casual
es igual al producto de las probabilidades
de que se lleve a cabo cada una
de esas condiciones.
Veamos un ejemplo considerando
una molécula promedio que contiene
500 aminoácidos.
1. Probabilidad de
que los aminoácidos estén en la
secuencia correcta.
En la composición de
la proteína se usan 20 aminoácidos.
De acuerdo a esto tenemos:
1.a) La probabilidad
de que cada aminoácido sea elegido
correctamente
entre esos 20 tipos
distintos. = 1/20
1.b) La probabilidad
de que los 500 aminoácidos sean
elegidos
correctamente. = 1/20500
= 1/10650
(Es decir, una probabilidad
entre 10650 opciones).
2. Probabilidad de
que los aminoácidos sean levógiros.
De acuerdo a esto tenemos:
2.a) La probabilidad
de que solamente un aminoácido sea
levógiro
= 1/2
2.b) La probabilidad
de que los 500 aminoácidos sean
simultáneamente levógiros.
= 1/2500
= 1/10150
(Es decir, una probabilidad
entre 10150 opciones).
3. Probabilidad de
que los aminoácidos se combinen
con una "unión péptida".
Los aminoácidos pueden
combinarse entre sí con distintos
tipos de uniones químicas. Para
que se forme una proteína útil todos
los aminoácidos en la cadena deben
haberse combinado con una unión
química especial llamada "unión
péptida". Se calcula que la probabilidad
de que los aminoácidos se combinen
únicamente con una unión péptida
es del 50%.
En relación con esto
tenemos:
3.a) La probabilidad
de que dos aminoácidos se combinen
con una "unión péptida".
= 1/2
3.b) La probabilidad
de que los 500 aminoácidos se combinen
con uniones péptidas.
= 1/2499 = 1/10150
(Es decir, una probabilidad
entre 10150 opciones).
PROBABILIDAD
TOTAL
........................
.=
Prob.1 X Prob.2 x Prob.3
..........................=
1/10650 x 1/10150
x 1/10150
..........................=
1/10950
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|
|
¿EXISTE EN LA
NATURALEZA UN MECANISMO DE PRUEBA Y ERROR?
Concluimos por último con un punto
muy importante en relación con la lógica fundamental
del cálculo de probabilidades, del cual dimos
algunos ejemplos. Indicábamos que dichos cálculos
llegaban a límites astronómicos y que las posibilidades
que de ahí se derivan son prácticamente imposibles
que se concreten. Sin embargo, para los evolucionistas
hay un aspecto mucho más importante y caótico:
bajo las condiciones naturales esas probabilidades
ni siquiera pueden iniciar, de ninguna manera,
un período de prueba y error, porque en la naturaleza
no existe ningún mecanismo de prueba y error
que pueda producir proteínas.
Los cálculos que hicimos antes
para indicar la probabilidad de la formación
de una molécula de proteína con 500 aminoácidos
son válidos solamente de manera hipotética,
en un medio ambiente ideal de "prueba y error",
medio ambiente que no existe en la vida real.
Es decir, esa probabilidad de 1/10950
para obtener una proteína útil, es válida solamente
si suponemos que existe un mecanismo imaginario
operado por una mano invisible que reúne 500
aminoácidos al azar y luego, si se ve que ese
conjunto no funciona, los separa uno por uno
y vuelve a probar según un nuevo ordenamiento.
Si después de reunir cada vez 500 aminoácidos
(reiteradamente), sin ningún agregado extra,
la proteína aún no se ha formado, habría que
seguir probando con otras secuencias, sucesivamente,
cuidando siempre que no se involucre en el proceso
ningún material extraño. También es imperativo
que la cadena que se forma durante la prueba
no se corte o destruya antes de llegar a su
unión 499. Estas condiciones significan que
las probabilidades mencionadas antes solamente
pueden tener lugar en un medio ambiente controlado
donde exista un mecanismo consciente dirigiendo
el inicio y la finalización de cada etapa del
proceso y donde solamente la "selección de los
aminoácidos" es dejada a la casualidad. Sin
duda es imposible que exista un medio ambiente
así bajo las condiciones naturales. Por lo tanto,
la formación de una proteína por sí misma en
el medio ambiente natural, es lógica y técnicamente
imposible, independientemente de la faceta de
"posibilidad". En realidad, hablar de probabilidades
de un suceso así, es totalmente no científico.
Algunos evolucionistas no doctos
no comprenden esto. Dado que asumen que la formación
de la proteína es una simple reacción química,
hacen deducciones cómicas tales como "los aminoácidos
se combinan por la vía de la reacción y luego
forman proteínas". Sin embargo, las reacciones
químicas accidentales que tienen lugar en una
estructura inorgánica pueden producir solamente
cambios simples y primitivos. El número de éstos
son limitados y determinados. Para producir
algo más ya tienen que comprometerse o incluirse
en el proceso más materiales químicos, plantas
químicas, laboratorios y grandes fábricas. Las
medicinas y muchos otros productos químicos
que usamos en la vida diariamente, son del mismo
tipo. Las proteínas tienen estructuras mucho
más complejas que esos productos obtenidos por
medio de la industrialización. Por lo tanto
es imposible que las proteínas --cada una de
las cuales es un diseño y obra de ingeniería
maravillosa en la cual cada parte encaja en
su lugar con un cierto orden-- se originen como
resultado de fortuitas reacciones químicas.
Dejemos a un lado por un minuto todas las imposibilidades
descritas hasta ahora y supongamos que una molécula de proteína
útil se ha producido por evolución, a pesar de todo, "azarosamente".
No obstante, los evolucionistas no resolvieron nada con esto
porque con el objeto de que esa proteína mantenga su presencia
necesitaría aislarse del medio circundante en que está y protegerse
bajo condiciones muy especiales. De no ser así, dicha proteína
se desintegraría al exponerse a las condiciones naturales de
la Tierra, o también se uniría a otros ácidos, aminoácidos o
compuestos químicos, perdiendo sus propiedades y convirtiéndose
en una substancia totalmente distinta e inservible.