EL ESCENARIO DE LA EVOLUCION
HUMANA
En los capítulos anteriores hemos
visto que en la naturaleza no hay ningún mecanismo
que conduzca a la evolución a los seres vivientes
y que éstos pasaron a existir no como resultado
de un proceso evolutivo sino que, más bien,
emergieron repentinamente con su actual estructura
perfecta. Es decir, fueron creados individualmente.
Por lo tanto, es obvio que la "evolución humana"
es una fábula que nunca tuvo lugar.
¿Qué es lo que proponen entonces
los evolucionistas como fundamento de su teoría?
Dicho fundamento es la existencia
de muchos fósiles, sobre los cuales son capaces
de construir interpretaciones imaginarias. A
lo largo de la historia han vivido más de 6000
especies de monos, la mayoría de las cuales
se extinguieron y constituyen un rico recurso
para los evolucionistas. Hoy día viven solamente
120 especies.
Los evolucionistas describieron
el escenario de la evolución humana disponiendo
convenientemente algunos cráneos que se ajustaban
a sus propósitos, los ordenaron de menor a mayor
y esparcieron entre ellos algunas calaveras
de razas humanas extintas. Según este escenario,
los seres humanos y los monos modernos tienen
ancestros comunes. Esas criaturas ancestrales
se desarrollaron con el tiempo convirtiéndose
algunas en los monos de hoy día, mientras que
otro grupo que siguió otra derivación en la
evolución se convirtió en los seres humanos
actuales.
Sin embargo, todos los descubrimientos
biológicos anatómicos y paleontológicos han
demostrado que esa pretensión de la evolución
es tan ficticia e inválida como todas las demás.
No se ha presentado ninguna evidencia real o
cabal que pruebe que existe una relación entre
el mono y el ser humano, excepto, claro está,
las falsificaciones, las distorsiones, los dibujos
y las discusiones o comentarios que inducen
al error.
Los registros fósiles nos indican
a lo largo de la historia que los seres humanos
han sido seres humanos y los monos solamente
monos. Algunos de los evolucionistas suponen
que son ancestros de los seres humanos, pertenecen
a razas humanas que vivieron hasta hace poco
--hasta hace unos diez mil años-- y luego desaparecieron.
Además, muchas comunidades humanas de hoy día
tienen la misma apariencia y características
físicas que esas razas extintas a las cuales
los evolucionistas suponen ancestros de los
seres humanos. Todo esto sirve como una clara
prueba de que el ser humano nunca pasó por un
proceso evolutivo en ningún período de la historia.
Lo más importante es que hay numerosas
diferencias anatómicas entre los monos y los
seres humanos y ninguna de las mismas son del
tipo que pasan a existir a lo largo de un proceso
de evolución.
EL ARBOL GENEALOGICO
IMAGINARIO DEL SER HUMANO
Los darwinistas alegan que los
seres humanos modernos han evolucionado a partir
de algún tipo de mono antropomorfo. Se sostiene
que durante ese pretendido proceso evolutivo,
el cual habría comenzado hace 4-5 millones de
años, existieron algunas "formas transitorias"
entre los seres humanos y sus ancestros. Según
este escenario totalmente imaginario, se registran
cuatro "categorías" básicas:
1.- Australopitecos.
2.- Homo habilis.
3.- Homo erectus.
4.- Homo sapiens.
Los evolucionistas llaman al supuesto
primer ancestro común de los monos y de los
seres humanos "Australopiteco", término que
significa "mono de Sudáfrica". Los Australopitecos
no son otra cosa más que una vieja especie de
monos extinta, la cual comprende varios tipos.
Algunos de ellos están bien constituidos y otros
son pequeños y delgados.
UNA
SIMPLE MANDÍBULA COMO CHISPA DE
INSPIRACIÓN
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El
primer fósil de Ramapiteco encontrado:
una mandíbula
perdida compuesta de dos partes
(a la izquierda). Los evolucionistas
se atrevieron a retratar al Ramapiteco,
su familia y el entorno en el
que vivieron, basándose únicamente
en dicha mandíbula.
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A la etapa siguiente de la evolución
humana los evolucionistas la clasificaron como
"homo", es decir, "hombre". Suponen que los
seres vivientes en las serie Homo están más
desarrollados que los Australopitecos y no son
muy distintos de los hombres modernos. Se dice
que el ser humano de hoy día, es decir, el Homo
sapiens, se ha formado en la última etapa de
la evolución de esta especie.
Fósiles como el "Hombre de Java",
el "Hombre de Pekín" y "Lucy", que aparecen
en los medios de información de vez en cuando
y se encuentran en las publicaciones y libros
evolucionistas, se incluyen en una de las cuatro
especies mencionadas al principio. Se asume
también que dichas especies se subdividen en
subespecies.
Algunos candidatos
a formas transitorias del pasado en el árbol
genealógico, como el Ramapiteco, tuvieron que
ser excluidos de la imaginaria evolución humana
después que se comprendió que se trataba de
monos comunes.(61)
Para bosquejar la cadena " Australopiteco
j Homo habilis j Homo erectus j Homo sapiens",
los evolucionistas argüllen que cada una de
estas especies es sucesora de la otra. Sin embargo,
recientes descubrimientos de paleoantropólogos
han revelado que ciertos segmentos de los humanos
clasificados como Homo erectus han vivido hasta
hace muy poco. El Homo sapiens neanderthalense
y el Homo sapiens sapiens (el ser humano moderno)
coexistieron en la misma región. Esta situación
indica aparentemente la invalidez del supuesto
que uno es ancestro del otro.
Intrínsecamente, todos los descubrimientos
e investigaciones científicas han revelado que
los registros fósiles no sugieren un proceso
evolutivo como el planteado por los evolucionistas.
Los fósiles que los evolucionistas suponen son
los ancestros de los seres humanos, en realidad
pertenecen a distintas razas humanas o, en su
defecto, a especies de monos. Entonces, ¿cuáles
fósiles son de humanos y cuáles de monos? ¿Es
posible que cualquiera de ellos sea considerado
forma transitoria? Con el objeto de responder
a estas preguntas veamos de modo más ajustado
cada categoría.
AUSTRALOPITECOS:
UNA ESPECIE DE MONOS
Australopiteco, que es la primera
categoría, significa "mono del sur". Se asume
que estas criaturas aparecieron primero en Africa,
hace unos 4 millones de años. Entre ellos hay
distintas clases. Los evolucionistas suponen
que la especie Australopiteco más vieja es el
Australopiteco Afarensis. Después le sigue el
Australopiteco Africanus, que tiene huesos más
delgados, y a continuación viene el Australopiteco
Robustus, el cual tiene huesos relativamente
más grandes. El llamado Australopiteco Boisei
es aceptado por algunos investigadores como
una especie distinta mientras que otros lo consideran
una subespecie de Australopiteco Robustus.
Todas las clases de Australopiteco
son de monos extintos que se asemejan a los
monos actuales. Sus volúmenes craneales son
iguales o más pequeños que el de los chimpancés
actuales. En manos y pies tienen salientes que
usaban para trepar a los árboles al igual que
los chimpancés de hoy día, y sus pies son hábiles
para prenderse y mantenerse en las ramas de
los árboles. Son de escasa altura (1,30 m. aproximadamente)
y al igual que los actuales chimpancés los machos
son más grandes que las hembras. Muchas características,
como las particularidades en los cráneos, la
cercanía de ambos ojos, el molar agudo, la estructura
maxilar, los brazos largos, las piernas cortas,
son evidencias de que no diferían para nada
de los monos de hoy día.
Los evolucionistas suponen que
aunque los Australopitecos tienen la anatomía
de un mono, se diferenciaban de éstos al caminar
erguidos como los humanos.
Esta
suposición de un "caminar erguido" es algo que
ha sido sostenido por paleoantropólogos como
Richard Leakey y Donald C. Johnson durante decenios.
No obstante muchos científicos estudiaron profundamente
las estructuras de los esqueletos de los Australopitecos
y probaron la invalidez de ese argumento. Dos
anatomistas mundialmente conocidos, Lord Solly
Zuckerman de Inglaterra y el Profesor Charles
Oxnard de Norteamérica, realizaron prolongadas
investigaciones sobre varios ejemplares de Australopitecos
y han hecho ver que los mismos no eran bípedos
y que se movían prácticamente como los monos
de hoy día. Después que Lord Zuckerman y su
equipo de especialistas estudiaron los huesos
de los fósiles durante 15 años, con la ayuda
del gobierno británico, llegaron a la conclusión
que el Australopiteco era solamente una especie
de mono común y que, de modo concluyente, no
era bípedo. Hay que tener en cuenta que Lord
Zuckerman era evolucionista.(62)
Charles E. Oxnard, otro evolucionista conocido
por sus investigaciones sobre el tema, también
vinculó la estructura del esqueleto de los Australopitecos
con los modernos orangutanes.(63)
Finalmente, en 1994 un equipo de la Universidad
de Liverpool en Inglaterra acometió una amplia
investigación para llegar a una conclusión definida:
sacaron en limpio que "el Australopiteco era
cuadrúpedo."(64)
Para decirlo con otras palabras,
los Australopitecos no tienen ningún vínculo
con los humanos y se trata simplemente de una
especie de monos extinta.
HOMO HABILIS:
EL MONO QUE FUE PRESENTADO COMO SER HUMANO
La gran similitud entre las estructuras
del cráneo y del esqueleto de los Australopitecos
y los chimpancés, y la refutación de la pretensión
de que los primeros caminaban erguidos, provocó
grandes inconvenientes a los paleoantropólogos
evolucionistas. La razón de ello está en que
de acuerdo al esquema evolucionista imaginario
el Homo erectus viene a aparecer a continuación
del Australopiteco. Como el prefijo "homo" significa
"humano", ello implica que el Homo erectus es
una clase humana y por lo tanto su esqueleto
debe ser erguido. El volumen craneal de éste
es dos veces más grande que el de los Australopitecos.
Una transición de éstos --que se asemejan a
los chimpancés-- al Homo erectus, que posee
un esqueleto sin ninguna diferencia con el ser
humano moderno, es algo imposible y fuera de
discusión, incluso para la teoría de la evolución.
Por lo tanto hacen falta los "vínculos" o "formas
transitorias". El concepto de Homo habilis surge
de dicha necesidad.
La clasificación de Homo habilis
fue presentada en el decenio de 1960 por toda
la familia Leakey, "cazadora de fósiles". De
acuerdo a los Leakey, esta nueva especie que
clasificaron como Homo habilis, tenía una capacidad
craneal relativamente grande así como la disposición
para caminar erguido y usar herramientas de
madera y de piedra. Por lo tanto podía haber
sido el ancestro del hombre.
Nuevos fósiles de la misma especie
desenterrados a finales del decenio de 1980
hizo cambiar la perspectiva anterior. Algunos
investigadores como Beranrd Wood y C. Loring
Brace, quienes se basaron en los fósiles recién
hallados, dijeron que el Homo habilis, que significa
"hombre capaz de usar herramientas", debería
ser clasificado como Australopiteco habilis,
que significa "mono de Sudáfrica capaz de usar
herramientas", porque el Homo habilis tenía
un montón de características en común con los
monos llamados Australopitecinos. Tenían brazos
largos, piernas cortas y una estructura del
esqueleto parecida a la de los Australopitecinos.
Los dedos de las manos y de los pies eran apropiados
para trepar. La estructura maxilar resultaba
muy similar a la de los monos actuales. Los
550 cc de volumen craneal eran el mejor indicio
de que se trataba de monos. En resumen, el Homo
habilis, que fue presentado como una especie
distinta por algunos evolucionistas, en realidad
era una especie de mono igual a otra de los
Australopitecinos.
Investigaciones llevadas a cabo
en los años siguientes demostraron que el Homo
habilis no tenía ninguna diferencia con los
Australopitecinos. El cráneo y el esqueleto
fósiles OH62 encontrados por Tim White, mostraban
que esta especie tenía un volumen craneal pequeño,
brazos largos y piernas cortas que le permitían
trepar a los árboles igual que los monos actuales.
El análisis detallado conducido
por la antropóloga norteamericana Holly Smith
en 1994, indicaba que el Homo habilis no era
"homo" o, dicho con otras palabras, no era "humano"
sino "mono". Smith dijo lo siguiente acerca
del análisis realizado sobre los dientes de
los Australopitecos, de los Homo habilis, de
los Homo erectus y de los Homo neanderthales:
"Análisis circunscriptos
(a la dentadura) de ejemplares de fósiles, exhiben
pautas de su desarrollo en los gráciles Australopitecos
y Homo habilis que los coloca en la clasificación
de los monos africanos. Los mismos análisis
en los Homo erectus y Neanderthales clasifica
a éstos con los humanos."(65)
Ese mismo
año, Fred Spoor, Bernard Wood y Frans Zooneveld,
todos especialistas en anatomía, llegaron a
las mismas conclusiones a través de un método
totalmente distinto que se basaba en el análisis
comparativo de los canales semicirculares del
oído interno de los humanos y de los monos.
Dichos canales se relacionan con el equilibrio.
Los canales de los humanos, que caminan erguidos,
diferían considerablemente de los de los monos,
que caminaban inclinados hacia delante. Los
canales del oído interno de todos los Australopitecos
y ejemplares de Homo habilis analizados por
Spoon, Wood y Zooneveld, eran iguales a los
de los monos modernos. Los canales del oído
interno de los Homo erectus eran iguales a los
del hombre moderno.(66)
Este descubrimiento
conlleva dos conclusiones importantes:
1. Los fósiles del Homo habilis
no pertenecían en realidad a la clase "homo",
es decir, a la clase humana, sino a la clase
de los Australopitecinos, es decir, a la de
los monos.
2. Los Homo habilis como
los Australopitecinos fueron vivientes que caminaban
inclinados y a zancadas, por lo que sus esqueletos
eran de mono. No tenían relación de ningún tipo
con los humanos.
HOMO RUDOLFENSIS:
UNA CARA MAL ENSAMBLADA
El término Homo Rudolfensis es
el nombre dado a unos pocos fragmentos fósiles
desenterrados en 1972. Se los llamó así porque
fueron encontrados cerca del río Rudolf en Kenya.
La mayoría de los antropólogos aceptan que dichos
fósiles no pertenecían a una especie distinta
a la del Homo habilis.
Richard Leakey, quien desenterró
los fragmentos, presentó el cráneo --al que
se denominó "KNM-ER 1470" y se le consideró
una edad de 2,8 millones de años-- y dijo que
era el más grande descubrimiento en la historia
de la antropología, con un efecto arrollador.
Según Leakey, este ser que tenía un volumen
craneal pequeño como el Australopiteco y no
obstante rostro humano, era el eslabón perdido
entre el Australopiteco y el ser humano. Así
y todo, poco tiempo después se iba a comprender
que el rostro tipo humano del cráneo KNM-ER
1470 que apareció frecuentemente en la tapa
de las revistas científicas, era el resultado
de un ensamblado anormal de los fragmentos hallados,
cosa que pudo ser deliberada. El profesor Tim
Bromage, quien hizo estudios sobre la anatomía
del rostro, subrayó este hecho que descubrió
con la ayuda de simulación por computadora en
1992:
"Cuando
(el KNM-ER 1470) fue reconstruido por primera
vez, la frente fue ajustada al cráneo en una
posición casi vertical, de manera muy parecida
a la que exhiben los rostros planos humanos
modernos. Pero estudios recientes de las relaciones
anatómicas muestran que en vida el rostro debe
haber sobresalido considerablemente, dándole
un aspecto de mono, como los rostros de los
Australopitecos."(67)
Resultados
del análisis del oído interno
|
El análisis comparativo de los
canales semicirculares del oído
interno de los seres humanos y
de los monos ha demostrado que
las criaturas que se suponen ancestros
de los primeros eran en realidad
verdaderos monos comunes. El Australopiteco
y el Homo habilis tienen los canales
del oído interno de los monos,
mientras que el Homo erectus tiene
el canal del oído interno de los
seres humanos.
|
|
El paleoantropólogo
evolucionista J. E. Cronin dice lo siguiente
al respecto: "… su rostro vigoroso, la clivus
naso-alveolar achatada (recordando los rostros
cóncavos de los australopitecinos), la reducida
amplitud craneal máxima (en los temporales),
el canino pronunciado y los grandes molares
(como lo indican los restos de las raíces),
son todos rasgos relativamente primitivos que
emparentan (coligan) el ejemplar con miembros
del taxon Australopiteco africanus."(68)
C. Loring Brace
de la Universidad de Michigan llegó a la misma
conclusión como resultado de los análisis que
hizo sobre la estructura maxilar y de los dientes
del cráneo 1470 y dijo que "el tamaño del maxilar
y la parte que contenía los molares exhibían
que ER 1470 tenía exactamente el rostro y dientes
del Australopiteco."(69)
El profesor Alan
Walker, paleoantropólogo de la Universidad John
Hopkins, quien había investigado tanto como
Leakey, mantiene que este viviente no debería
ser clasificado como "homo" -en referencia al
Homo habilis o al Homo rudolfensis- sino que,
por el contrario, se debe incluirlo entre los
miembros de la especie Australopiteco.(70)
En resumen, las calificaciones
como Homo habilis u Homo rudolfensis, presentadas
como vínculos transitorios entre los Australopitecinos
y el Homo erectus, son totalmente imaginarias.
Como ha sido confirmado por muchos investigadores
en la actualidad, esos seres vivientes son miembros
de la serie Australopiteco. Todos sus rasgos
anatómicos revelan que ambas son especies de
monos.
A continuación de esas criaturas,
cada una de ellas una especie de mono, vienen
los fósiles "homo", que son fósiles humanos.
HOMO ERECTUS Y
LO QUE SIGUE: LOS REALES SERES HUMANOS
 |
El fósil del Niño de Turkana, que pertenecía
a la raza Homo erectus, enseña que casi
no se distinguía de nosotros.
|
Según el caprichoso esquema de
los evolucionistas, la evolución de la especie
Homo es la siguiente: Primero, el Homo erectus;
luego el Homo sapiens arcaico y el Hombre de
Neanderthal; más tarde el Hombre de Cro-Magnon
y finalmente el hombre moderno. De todos modos
ese tipo de clasificaciones incluyen en realidad
razas humanas originales (no especies distintas).
La diferencia entre ellos no es más grande que
la diferencia entre un esquimal y un negro o
un pigmeo y un europeo.
Examinemos primero el Homo erectus,
al que se refieren como la especie humana más
primitiva. El término "erectus" en "Homo erectus"
significa "hombre que camina erguido". Los evolucionistas
han tenido que separar a esos hombres de los
anteriores agregándole la cualidad de "erectos",
porque todos los fósiles Homo erectus disponibles
están erguidos en un grado no observado en ninguna
de las especies Australopitecinos u Homo habilis.
No hay ninguna diferencia entre el esqueleto
del ser humano moderno y el Homo erectus.
La razón primaria para que los
evolucionistas definan al Homo erectus como
"primitivo" es el volumen del cráneo (900-1000
cc) --más pequeño que el promedio de los seres
humanos modernos-- y la saliente del arco superciliar.
Sin embargo, mucha gente que vive hoy día tiene
el mismo volumen craneal que el Homo erectus
(por ejemplo, los pigmeos), y también hay razas
con el arco superciliar saliente (por ejemplo,
los aborígenes australianos).
Hay un acuerdo
general en que las diferencias en los volúmenes
craneales no denota necesariamente diferencias
en la inteligencia o en las capacidades. La
inteligencia depende de la organización interna
del cerebro antes que de su volumen.(71)
Los fósiles que han hecho conocido
en el mundo al Homo erectus son los del Hombre
de Pekín y Hombre de Java encontrados en el
Asia. De todos modos, se comprendió con el tiempo
que ambos fósiles no eran dignos de confianza.
El Hombre de Pekín consistía de algunos elementos
hechos de yeso, cuyos originales se perdieron.
El Hombre de Java estaba "compuesto" de un fragmento
de cráneo y un hueso de la pelvis encontrado
a unos metros más lejos del primero, sin ningún
indicio que perteneciesen al mismo ser viviente.
A eso se debe que los fósiles de Homo erectus
encontrados en Africa ganaron una importancia
creciente. (Debería tenerse en cuenta que algunos
de los fósiles que se dijo eran Homo erectus,
algunos evolucionistas los incluyeron bajo una
segunda clase llamada "Homo ergaster". Entre
ellos hay desacuerdos al respecto. Nosotros
trataremos a todos estos fósiles bajo la clasificación
de Homo erectus).
La
clase más conocida de Homo erectus encontrada
en el Africa es el fósil "Narikotome homo erectus"
o "Muchacho de Turkana", que fue encontrado
cerca del Lago Turkama en Kenya. Se confirmó
que este fósil era de un muchacho de 12 años
que habría tenido una altura de 1,83 mts. en
la adolescencia. La estructura vertical del
esqueleto fósil no se diferencia en nada de
la del hombre moderno. El paleontólogo norteamericano
Alan Walker dijo respecto al mismo que dudaba
que "el término medio de los patólogos pudiesen
decir cuáles eran las diferencias entre ese
esqueleto fósil y el esqueleto del humano moderno."(72)
Respecto al cráneo, dijo Walker que "se lo veía
igual a un Neanderthal."(73)
Como veremos en el próximo capítulo, los Neanderthal
son una raza humana moderna. Por lo tanto el
Homo erectus también es una raza humana moderna.
Incluso el evolucionista Richard
Leakey dice que las diferencias entre el Homo
erectus y el hombre moderno no son más que variaciones
raciales:
"Uno debería
ver también las diferencias en las formas del
cráneo, en el grado de protrusión del rostro,
en el vigor de las cejas, etc.. Estas diferencias
probablemente no son más pronunciadas que las
que vemos hoy día entre las razas humanas alejadas
geográficamente. Tales variaciones biológicas
surgen cuando las poblaciones están apartadas
geográficamente por una cantidad de tiempo significativa."(74)
El Profesor William Laughlin de
la Universidad de Connecticut realizó extensos
exámenes anatómicos sobre los esquimales y la
gente que vive en las Islas Aleutianas y advirtió
que la éstas eran extraordinariamente similares
al Homo erectus. Laughlin concluyó que todas
esas razas, en realidad, eran distintas variedades
de Homo sapiens (hombre moderno).
Cuando consideramos
las vastas diferencias que existen entre grupos
muy alejados como los esquimales y los bosquimanos
que pertenecen a la misma especie de Homo sapiens,
parece justificable concluir que el sinantropo
(una clase de erectus) se incluye en esa misma
variedad.(75)
Por otra parte, hay un gran vacío
entre el Homo erectus, una raza humana, y los
monos que le antecedieron en el escenario de
la "evolución humana" (Australopiteco, Homo
habilis, Homo rudolfensis). Esto significa que
los primeros hombres aparecieron en los registros
fósiles de modo repentino e inmediato sin ninguna
historia evolutiva. No puede haber ningún indicio
más claro de que fueron creados.
No obstante, admitir este hecho
va totalmente contra la filosofía dogmática
y la ideología de los evolucionistas. En consecuencia,
intentan retratar al Homo erectus, verdaderamente
una raza humana, como una raza medio simiesca.
En sus reconstrucciones del Homo erectus lo
dibujaron porfiadamente con rasgos simiescos.
Por otra parte, con métodos similares de dibujo,
humanizaron a monos como el Australopiteco o
el Homo habilis. Con ese procedimiento buscan
"aproximar" los monos y los seres humanos y
cerrar al hueco entre esas dos clases distintas
de vivientes.
Ingenieros
navales que tienen 700 mil años.
Marinos antiguos
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"Los
primeros humanos eran mucho más
ingeniosos que lo que sospechábamos…"
Noticias publicadas
en "New Scientist" del 14 de marzo
de 1998 nos dicen que los humanos
llamados Homo erectus por los evolucionistas,
eran marineros profesionales hace
700 mil años. Esos humanos, que
tenían suficiente conocimiento y
tecnología como para construir una
embarcación y que disponían de una
civilización que utilizó el transporte
marítimo, difícilmente pueden ser
llamados "primitivos". |
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NEANDERTHALES:
UNA RAZA HUMANA VIGOROSA
Los Neanderthales son seres humanos
que aparecieron repentinamente hace 100 mil
años en Europa y fueron asimilados, mezclándose
con otras razas, o desaparecieron silenciosa
pero rápidamente hace 35 mil años. La única
diferencia que tenían con el ser humano moderno
estaba en el esqueleto, pues el de ellos era
más vigoroso, con un volumen craneal levemente
más grande.
Los Neanderthales son una raza
humana, hecho que es admitido hoy día prácticamente
por todos. Los evolucionistas se esforzaron
al máximo por presentarlos como "una especie
primitiva", aunque todos los descubrimientos
indican que no diferían en nada de un ser humano
"robusto" que camine por la calle actualmente.
Una autoridad prominente en la materia, Erik
Trinkaus, paleoantropólogo de la Universidad
de Nueva Méjico, escribe:
"Comparaciones
detalladas de los esqueletos del Neanderthal
y del ser humano moderno han expuesto que no
hay nada en la anatomía del primero que indique
de manera concluyente capacidades locomotoras,
de manipulación, intelectual o lingüística inferiores
a las del segundo."(76)
Muchos investigadores contemporáneos
definen al hombre de Neanderthal como una subespecie
del ser humano moderno y lo llaman "Homo sapiens
neanderthalensis". Los descubrimientos testifican
que enterraban a sus muertos, modelaban instrumentos
musicales y tenían afinidad cultural con los
Homo sapiens sapiens que vivían en el mismo
período. Para expresarlo con precisión, los
Neanderthal son una raza humana "vigorosa" que
simplemente desapareció con el tiempo.
 |
(izquierda)
Una aguja de 26 mil años de antigüedad.
Un interesante fósil enseña que
los Neanderthales tenían conocimiento
de costura.
(D.Johanson, B. Edgar. From Lucy
to Language. p.99)
(derecha) Máscaras falsas.
Aunque los Neanderthales no se diferencian
en nada de los seres humanos modernos,
aún son descritos como semimonos
por los evolucionistas. |
|
HOMO SAPIENS ARCAICO:
HOMO HEILDERBERGENSIS
Y EL HOMBRE DE CRO-MAGNON
El Homo sapiens arcaico es el último
paso antes del ser humano contemporáneo en el
esquema evolucionista imaginario. En realidad,
los evolucionistas no tienen mucho que decir
acerca de esos seres humanos dado que las diferencias
entre aquellos y los modernos son mínimas. Incluso
algunos investigadores dicen que aún viven representantes
de esa raza y señalan a los aborígenes de Australia
como un ejemplo. Como el Homo sapiens, esos
aborígenes también tienen una gruesa saliente
en las cejas, una estructura maxilar inclinada
hacia adentro y un volumen craneal levemente
más pequeño. Además, descubrimientos significativos
sugieren que esas personas vivían en Hungría
y en algunas aldeas de Italia hasta no hace
mucho.
El grupo caracterizado como Homo
heilderbergensis en la literatura evolucionista
es en realidad igual que el Homo sapiens arcaico.
La razón por la que se usan dos términos distintos
para definir la misma raza humana reside en
las diferencias conceptuales entre los evolucionistas.
Todos los fósiles incluidos bajo la clasificación
Homo heilderbergensis sugieren que las personas
que resultaban anatómicamente muy similares
a los europeos modernos, vivieron 500 mil e
incluso 740 mil años antes, primero en Inglaterra
y después en España.
Se estima que el Hombre de Cro-Magnon
vivió hace 30 mil años. Tenía el cráneo abovedado,
la frente ancha, el volumen craneal de 1600
cc --por encima del promedio del ser humano
contemporáneo--, gruesas salientes en las cejas
y una protrusión ósea en la espalda, característica
ésta tanto del Neanderthal como del Homo erectus.
Aunque al Hombre de Cro-Magnon
se lo considera una raza europea, la estructura
y volumen del cráneo se ven mucho más como los
de algunas razas que viven actualmente en el
Africa y en los trópicos. Apoyándose en esta
similitud, se estima que el Cro-Magnon era una
raza africana arcaica. Otros descubrimientos
en el campo de la paleoantropología han señalado
que los Cro-Magnon y los Neanderthal se mezclaron
entre sí y pusieron el fundamento para las razas
actuales. Además, hoy día, se acepta que representantes
de la raza Cro-Magnon viven aún en distintas
regiones de Africa y en las regiones francesas
de Salute y Dordogne. Gente que tiene características
similares se observa también actualmente en
Polonia y en Hungría.
ESPECIES QUE VIVIERON
EN LA MISMA EPOCA QUE SUS ANCESTROS
Lo que investigamos hasta ahora,
según nuestra forma de ver, nos modela una resultante
muy clara: el escenario de la "evolución humana"
resulta una mentira total. Para que exista un
árbol genealógico así, debería haber ocurrido
una evolución gradual desde el mono al ser humano
y se tendrían que haber encontrado los registros
fósiles de este proceso. Sin embargo, hay un
gran vacío entre los monos y los seres humanos.
Las estructuras de los esqueletos, los volúmenes
craneales y criterios como el de caminar erguido
o inclinado, indican diferencias definidas entre
los seres humanos y los monos. (Mencionamos
antes que en función de una investigación realizada
en 1994 sobre el equilibrio y los canales del
oído interno, el Australopiteco y el Homo habilis
fueron clasificados como monos, mientras que
el Homo erectus fue clasificado como humano).
La prueba de que no puede haber
ningún árbol genealógico entre esas especies
diferentes es el haberse descubierto que las
especies que son presentadas como ancestros
una de otra, en realidad coexistieron. Si, como
pretenden los evolucionistas, el Australopiteco
se convirtió en Homo habilis, y éste a su vez
se convirtió en Homo erectus, deberían haber
vivido en eras correlativas. Sin embargo, no
existe ese orden cronológico.
De acuerdo a las estimaciones de
los evolucionistas, los Australopitecos vivieron
desde hace 4 millones de años hasta hace 1 millón
de años. Seres clasificados como Homo habilis,
por otra parte, se piensa que han vivido hasta
hace 1,7-1,9 millones de años. ·El Homo rudolfensis,
que se dice ha sido más "avanzado" que el Homo
habilis, se sabe que tiene 2,5-2,8 millones
de años! Es decir, el Homo rudolfensis es aproximadamente
un millón de años más antiguo que el Homo habilis,
su "ancestro". Por otra parte, se calcula que
el Homo erectus se presenta hace 1,6-1,8 millones
de años, lo cual significa que esta clase apareció
sobre la Tierra en el mismo período que aquel
que es considerado su ancestro, el Homo habilis.
Alan
Walker confirma este hecho al decir que "hay
evidencias en el Africa oriental de la existencia
de individuos Australopitecos pequeños y tardíos,
contemporáneos primero con el Homo habilis y
luego con el Homo erectus."(77)
Louis Leakey ha encontrado fósiles de Australopitecos,
Homo habilis y Homo erectus muy cerca entre
sí en la región Olduvai Gorge, en el II estrato
del yacimiento.(78)
Lo más seguro es que no existe
ningún árbol genealógico entre ellos. Un paleontólogo
de la Universidad de Harvard, Stephen Jay Gould,
explica este desacuerdo insuperable de la evolución,
aunque él mismo es evolucionista:
"¿En qué queda
nuestra escala si coexisten tres linajes de
homínidos (el Australopiteco africanus, el fornido
Australopiteco y el Homo habilis) sin que ninguno
de ellos derive claramente del otro? Además,
ninguno de los tres pone de manifiesto alguna
inclinación evolucionista durante su estadía
en la superficie terrestre."(79)
Cuando pasamos
del Homo erectus al Homo sapiens, vemos de nuevo
que no hay ningún árbol genealógico del que
hablar. Existen evidencias que indican que el
Homo erectus y el Homo sapiens arcaico continuaron
viviendo hasta hace unos 27 mil años y 10 mil
años respectivamente. En el pantano Kow de Australia
se encontraron cráneos de Homo erectus de hace
unos 13 mil años. En la Isla de Java se encontró
un cráneo de Homo erectus que tenía 27 mil años.(80)
LA HISTORIA SECRETA
DEL HOMO SAPIENS
 |
| Uno de los periódicos más
populares de la literatura evolucionista,
"Discover", puso en la página de cubierta
una cara humana de 800 mil años de antigüedad
con una pregun a a los evolucionistas: "¿Es
este el rostro de nuestro pasado?". |
El hecho más interesante y
significativo que anula la propia base del árbol
genealógico imaginario de la teoría de la evolución
es la irrecusable historia antigua del ser humano
moderno. Los datos de la paleoantropología revelan
que el Homo sapiens, que se parecía exactamente
a nosotros, vivió en el entorno de hace un millón
de años.
Fue Louis Leakey,
el conocido paleoantropólogo evolucionista,
el descubridor de los primeros elementos en
la materia. En 1932, en la región de Kanjera,
cerca del Lago Victoria en Kenya, encontró varios
fósiles que pertenecían a la Epoca del Pleistoceno
medio, los cuales no tenían ninguna diferencia
con el ser humano moderno. Y esa Epoca significa
un millón de años atrás.(81)
Dado que este descubrimiento puso al árbol genealógico
evolutivo patas para arriba, fue despreciado
por algunos paleoantropólogos evolucionistas.
No obstante Leakey siempre sostuvo que sus estimaciones
resultaban correctas.
Cuando esta controversia estaba
por ser olvidada, un fósil desenterrado en España
en 1995 reveló de una manera notoria que la
historia del Homo sapiens era mucho más antigua
que la asumida. El fósil en cuestión fue descubierto
en una cueva llamada Gran Dolina en la región
de Atapuerca (Burgos) por tres paleoantropólogos
españoles de la Universidad de Madrid. El fósil
pertenecía a la cara de un muchacho de 11 años
y se presentaba totalmente como la de los seres
humanos modernos. Se calculó que había muerto
hacía 800 mil años. La revista "Discover" presentó
la historia pormenorizada en su número de Diciembre
de 1997. El fósil hizo vacilar las convicciones
de Ferreras, director de las excavaciones de
Gran Dolina, quien dijo:
"Esperábamos
algo grande, algo voluminoso, algo pomposo…
ustedes saben, algo 'primitivo'. Nuestra probabilidad
de encontrar un muchacho de 800 mil años era
la de hallar algo como el Niño de Turkana. Y
lo que encontramos fue una cara totalmente moderna…
Para mi esto es lo más espectacular.. Este es
el tipo de cosas que te hacen vacilar, (es decir),
el descubrimiento de algo totalmente inesperado
como esto. No me refiero al descubrimiento de
fósiles; que también es algo inesperado y bueno.
Lo más espectacular es encontrar en el pasado
algo que pensabas pertenecía al presente. Es
algo así como encontrar… una cinta de grabación
magnética en Gran Dolina. Sería muy sorprendente.
No contamos con encontrar cassetes y cintas
de grabar en el Pleistoceno Inferior. Descubrir
una cara moderna allí es lo mismo. Nos sorprendimos
mucho cuando la vimos."(82)
El fósil puso de relieve que la
historia del Homo sapiens tenía que extenderse
hacia atrás 800 mil años. Después de recuperarse
de la impresión inicial, los evolucionistas
que descubrieron el fósil decidieron que pertenecía
a una especie diferente porque según el árbol
genealógico evolutivo hace 800 mil años no existía
ningún Homo sapiens. Por lo tanto construyeron
una especie imaginaria llamada el "ancestro
del Homo" e incluyeron el cráneo de Atapuerca
bajo esa clasificación.
·UNA CHOZA DE
HACE 1.700.000 AÑOS Y PISADAS DE
UN SER HUMANO MODERNO DE 3.600.000 DE AÑOS DE
ANTIGUEDAD!
 |
| Los restos de una choza de
1,7 millones de años de antigüedad se ven
muy parecidos a las chozas usadas hoy día
por algunos africanos. |
Ha habido muchos
descubrimientos que datan al Homo sapiens incluso
con anterioridad a los 800 mil años. Uno de
esos descubrimientos fue el hecho por Louis
Leakley a principios de 1970 en Olduvai Gorge.
Allí, en el segundo estrato del yacimiento,
descubrió que hubo una coexistencia entre las
especies Australopiteco, Homo habilis y Homo
erectus. Pero resultó más interesante una estructura
que encontró en el mismo yacimiento y estrato:
los restos de una choza de piedra. El aspecto
llamativo era que dicha construcción, que aún
se usa en algunas partes del Africa, ·podía
ser erigida solamente por el Homo sapiens! De
ese modo, de acuerdo con el descubrimiento de
Leakey, el Australopiteco, el Homo habilis,
el Homo erectus y el ser humano moderno deben
haber coexistido hace aproximadamente 1,7 millones
de años.(83) Este hallazgo
seguramente debe invalidar la teoría de la evolución
que pretende que el ser humano evolucionó desde
alguna especie de mono como el Australopiteco.
En realidad, algunos otros descubrimientos
también remontan los orígenes del ser humano
a 1,7 millones de años. Uno de ellos constituye
las pisadas humanas en Laetoli (Tanzania) encontradas
por Mary Laekey en 1977. Se calculó en 3,6 millones
de años de antigüedad el estrato en que se ubican
las pisadas, pero lo más importante es que esa
huellas no difieren en nada de la de un ser
humano contemporáneo.
Esas impresiones fueron examinadas
después por una serie de conocidos paleoantropólogos,
como Don Johansons y Tim White. Llegaron a la
misma conclusión. Escribe White:
"No hay ningún
error al respecto… Son iguales a las huellas
de los seres humanos modernos. Si (una de esas
huellas) hubiese sido hecha en la arena de la
playa de California y se le pregunta a un chico
de cuatro años qué era eso, diría inmediatamente
que alguien anduvo caminando por allí. Sería
incapaz de distinguir esa pisada de otras cientos
marcadas en la playa, cosa que tampoco podría
hacer usted."(84)
Después de examinar las huellas,
Louis Robbins, de la Universidad de Carolina del
Norte, hizo el siguiente comentario:
"El arco está
elevado --los individuos más pequeños tenían
un arco más alto--, el dedo grande del pie es
amplio y está alineado con el segundo dedo…
Los dedos se prenden al
suelo como los de los humanos.
Esto no se ve en otras formas animales."(85)
Exámenes hechos sobre la morfología
de las pisadas mostraron repetidamente que tenían
que ser aceptadas como impresiones humanas y,
más aún, de un ser humano moderno (Homo sapiens).
Russell Tuttle, quien examinó las pisadas, escribió:
"Las pudo haber
hecho un Homo sapiens pequeño que iba descalzo…
En todos sus rasgos morfológicos discernibles,
los pies de los individuos que dejaron esos
rastros no pueden distinguirse de pies de humanos
modernos."(86)
Estudios imparciales de las pisadas
revelaron quienes las hicieron. Se trata de
veinte pisadas fosilizadas de un humano moderno
de 10 años y 27 pisadas de otro chico aún más
joven. Ciertamente, era gente moderna como nosotros.
Esta situación puso las pisadas
de Laetoli en el centro de las discusiones durante
años. Los paleoantropólogos evolucionistas intentaron
desesperadamente encontrar una explicación en
tanto les era difícil aceptar que un hombre
moderno hubiese caminado sobre la Tierra hace
3,6 millones de años. Durante 1990 empezó a
tomar forma la "explicación" de ese hecho. Los
evolucionistas decidieron que las pisadas correspondían
a un Australopiteco porque, según la teoría
en la que se basan, era improbable que hace
3,6 millones de años existiese una especie homo.
Russell H. Tuttle escribió un artículo en 1990:
"En resumen,
los rastros de pisadas de 3,5 millones de años
en el asiento 'G' de Laetoli se asemejan a los
de humanos modernos que andan normalmente descalzos.
Ninguno de sus rasgos sugiere que los homínidos
de Laetoli fuesen menos capaces que nosotros.
Si no se supiera que las huellas del asiento 'G'
son tan antiguas, concluiríamos de buena gana
que fueron hechas por un miembro de nuestro género
Homo. De todos modos, deberíamos archivar la liviana
suposición de que las huellas fueron hechas por
un pariente de Lucy, un Australopiteco afarensis."(87)
Para decirlo de manera breve, esa
impresiones de pies a las que se suponen de
3,6 millones de años de antigüedad, no podrían
haber pertenecido a algún Australopiteco. La
única razón por la que se pensó eso es que el
estrato volcánico en el que se encontraron las
huellas tenía esa edad, época en la que se asumió
no podían haber vivido los humanos.
Estas interpretaciones de las huellas
de Laetoli nos muestra una realidad muy importante:
los evolucionistas no sostienen esa teoría en
consideración de los descubrimientos científicos
sino a pesar de ellos. Estamos frente a la defensa
de una teoría de manera obsecada, sin importar
a que se recurra, pues se ignoran o distorsionan
todos los nuevos descubrimientos, con tal de
salirse con la suya.
En síntesis, la teoría de la evolución
no es científica sino un dogma que se mantiene
vivo a pesar de las evidencias científicas.
Maxilar
humano moderno que tiene una edad
de 2,3 millones de años |

Otro ejemplo muestra la invalidez
del árbol genealógico imaginario inventado
por los evolucionistas: una mandíbula
de humano moderno (Homo sapiens) que
tiene una edad de 2,3 millones de
años. Dicha mandíbula, desenterrada
en Hadar (Etiopía), lleva el código
A.L. 666-I. Las publicaciones evolucionistas
buscan quitarle importancia refiriéndose
a ello como "un descubrimiento que
provoca sobresaltos". |
|
EL ANDAR BIPEDO, UN OBSTACULO INSALVABLE
PARA LA TEORIA DE LA EVOLUCION
Además de los registros fósiles
de los que nos ocupamos hasta ahora, hay importantes
lagunas o brechas anatómicas entre los monos
y los seres humanos que invalidan la ficción
de la evolución humana. Una de esas lagunas
tiene que ver con la forma de caminar.
Los seres humanos caminan erguidos
sobre sus dos pies. Realizan un tipo de movimiento
muy especial no visto en ninguna otra especie.
Algunos animales tienen una capacidad limitada
para moverse cuando se paran sobre los pies
traseros. Animales como los osos y los monos
se mueven así raramente, como en los casos que
quieren alcanzar una fuente de comida, y solamente
por un tiempo breve. Normalmente sus esqueletos
se inclinan hacia delante y andan sobre las
cuatro patas.
Entonces, ¿ha evolucionado el andar
bípedo a partir del tranco cuadrúpedo de los
monos, como suponen los evolucionistas?
Por supuesto que no. Las investigaciones
han mostrado que nunca hubo tal evolución para
el andar bípedo, ni es posible que haya ocurrido.
En primer lugar, el andar bípedo no es una ventaja
evolutiva. La forma en que se mueven los monos
es mucho más fácil, más rápida y más efectiva
que el paso o andar bípedo del ser humano, quien
no puede saltar de árbol en árbol sin bajar
a tierra, como el chimpancé, ni correr a 125
kms/h como una chita. Por el contrario, dado
que el ser humano camina sobre los dos pies,
se mueve mucho más lento en el suelo. Por la
misma razón, en términos de movimiento y defensa,
es una de las especies más expuesta en la naturaleza.
De acuerdo a la lógica de la evolución, los
monos no deberían haber evolucionado para adoptar
el andar bípedo: por el contrario, los humanos
deberían haber evolucionado para volverse cuadrúpedos.
Otra dificultad
irresoluble de la suposición evolucionista es
que el andar bípedo no sirve al modelo darwinista
de un "desarrollo gradual", modelo que constituye
el fundamento de la evolución y requiere la
existencia de un tranco o andar "mixto", entre
el bípedo y el cuadrúpedo. Sin embargo, el paleoantropólogo
inglés Robin Crompton demostró a través de una
investigación por medio de computadoras que
dirigió en 1996, que no era posible esa forma
de andar "mixta". Crompton llegó a la siguiente
conclusión: un ser vivo puede caminar erguido
o andar en cuatro patas.(88)
No puede ser posible un andar de tipo intermedio
debido al intenso consumo de energía. Por eso
mismo es imposible la existencia de un ser semibípedo.
El inmenso vacío o brecha entre
el hombre y el mono no se limita solamente al
andar bípedo. Quedan todavía muchas otras cosas
sin explicación, como ser la capacidad del cerebro,
la habilidad para conversar, etc.. Elaine Morgan,
paleoantropóloga evolucionista, hace la siguiente
confesión en relación a esto:
"Cuatro de los misterios más
relevantes acerca de los humanos son: 1) ¿Por
qué caminan sobre dos piernas?; 2) ¿Por qué perdieron
el pelaje?; 3) ¿Por qué desarrollaron cerebros
tan grandes?; 4) ¿Por qué aprendieron a hablar?.
Las respuestas
ortodoxas a estas preguntas son: 1) Aún no lo
sabemos; 2) Aún no lo sabemos; 3) Aún no lo
sabemos; 4) Aún no lo sabemos. La lista de las
preguntas puede alargarse significativamente
sin que ello altere la monotonía de las respuestas."(89)
 |
| Investigaciones
recientes revelan que es imposible
para el esqueleto inclinado del mono,
apropiado para el caminar cuadrúpedo,
evolucionar y pasar a un esqueleto
humano erguido, apropiado para el
andar bípedo. |
|
LA EVOLUCION:
UNA FE NO CIENTIFICA
Lord Solly Zuckerman es uno de
los más conocidos y respetados científicos en
Gran Bretaña. Estudió durante años los registros
fósiles y condujo muchas investigaciones minuciosas.
Fue honrado con el título de "Lord" por sus
contribuciones a las ciencias. Se trata de un
evolucionista. Por lo tanto sus comentarios
sobre la evolución no se los puede considerar
como una observación deliberadamente molesta.
Después de años de investigar los
fósiles incluidos en el escenario de la evolución
humana, llegó sin embargo a la conclusión de
que, en verdad, no hay ningún árbol genealógico
(que vaya de los monos a los humanos).
Zuckerman hizo también un interesante
"espectrograma de la ciencia". Formó un espectro
de las ciencias que van desde las consideradas
científicas a las consideradas no científicas.
Según el espectrograma de Zuckerman, las ciencias
más "científicas" --es decir, las que dependen
de datos de campo concretos-- son la química
y la física. Le siguen las ciencias biológicas
y luego las sociales. Al final del espectro,
considerada la parte menos científica, están
ubicadas las llamadas de "percepción extrasensorial"
--en las que entran la telepatía y el sexto
sentido--, ocupando el último lugar "la evolución
humana". Zuckerman explica su razonamiento:
"Entramos inmediatamente
al registro de la verdad objetiva en esos campos
que se suponen de la ciencia biológica, como
la percepción extrasensorial o la interpretación
de la historia fósil del ser humano, donde para
el que cree cualquier cosa es posible, e incluso
donde el creyente vehemente es a veces capaz
de creer al mismo tiempo varias cosas contradictorias."(90)
¿Cuál es entonces la razón que
lleva a que muchos científicos sean tan testarudos
respecto a este dogma? ¿Por qué se han estado
esforzando tanto para mantener viva su teoría,
a costa de tener que admitir incontables conflictos
y renunciar a las evidencias (en contra) que
han encontrado?.
La única respuesta es el temor
que sentían a lo que tendrían que enfrentar
en caso de abandonar la teoría de la evolución:
el hecho o la realidad de que el ser humano
fue creado por Dios. Sin embargo, considerando
lo que presumen y la filosofía materialista
en la que creen, la Creación es un concepto
inaceptable para los evolucionistas.
Por esa razón se autoengañan y
engañan al mundo valiéndose de los medios de
comunicación con los cuales cooperan. Si no
pueden encontrar los fósiles necesarios, los
"fabrican", ya sea en la forma de descripciones
imaginarias o modelos ficticios, e intentan
dar la impresión de que realmente existieron
fósiles que verifican la evolución. Algunos
órganos informativos que comparten sus puntos
de vista materialista también intentan engañar
al público e inculcar la fábula de la evolución
en el subconsciente popular.
Sin importar la fuerza con que
intenten todo lo dicho antes, la verdad es evidente:
el ser humano no pasó a existir a través de
un proceso evolutivo sino creado por Dios. Por
lo tanto, el ser humano es responsable frente
a El, independientemente de lo renuente que
pueda ser en asumir esta responsabilidad.



